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Full text of "Luis Melian Lafinur 1897 Charla Menuda"

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OBRAS DEL MISMO AUTOR 


El Lustro Horrible (poesía) 

1880. 



Las mujeres de Shakespeare 

1884. 

1 

YOl . 

Exéresis de Banderías . . 

1893. 

1 

» 

Los Treinta y Tres . . . 

1895. 

1 

» 

Las charreteras de oribe . 

1895. 

1 

» 



CHARLA MENUDA 


POR 


LUIS MELIÁU LAFINUR 

VKCTXO DE LA CIUDAD DE MONTEVIDEO 


mihi á spe, metu, partibus rei- 

publicíu, animus líber erat. 

estaba mi ánimo t;in libre de 

la esperanza y el temor como alejado 
de los partidos de la Repüblica. 

(Ñalustio- «Cntilina», parágrafo 1Y.J 


MONTEN IDEO 

Jmprenta «Ratina*. Pruguay núm. 46 

18 9 7 




« No se me ocultan las an- 
tipatías (les repulsions) áque 
se expone un autor que va di- 
rectamente á su objeto en una 
sociedad dividida por las dis- 
cordias civiles; sé cuan difícil 
es romper convicciones que 
los partidos políticos se em- 
peñan en conservar. Tengo 
sin embargo confianza en la- 
fuerza de la verdad, y en las 
pruebas saludables porque pa- 
san á veces los pueblos entre- 
gados al error. Cuento ade- 
más con el concurso de los 
hombres probos que buscan la 
verdad por el camino que yo 
sigo; y fundo alguna espe- 
ranza en esos amigos descono- 
cidos que un libro inspirado 
en el bien público encuentra 
allí donde el autor no los ha- 
bría descubierto. » 


Le Play. — «La Reforme 
Rocíale en Francés— Tome 
í" r , paga 23, síxieme edi- 
tion. 








CHARLA MENUDA 


i 


En el final del artículo que dedica al 
« Uruguay », la más seria y más reputada 
de las Enciclopedias (1), se lee lo si- 
guiente: «Desde la época de su indepen- 
dencia hasta el año de 1870, la historia 
del Uruguay no es más que un largo in- 
ventario de invasiones extranjeras y de 
intrigas, ruina en las finanzas, locura po- 
lítica y crimen (political folly and crime)». 



8 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


El tomo que contiene este cuadro sin- 
tético tan útil para acreditar á la Repú- 
blica en el exterior, es de 1888; pero mister 
Oreen, autor del artículo en que ha usado 
tanta benevolencia al detenerse en 1870 
y no recordar el motín que determinó la 
reacción de 1875, y los escándalos que 
originaron la protesta popular de 1886, 
es posible que avance en la próxima edi- 
ción de su trabajo, hasta este año de 
gracia de 1897, y aunque continuando en 
su actitud benévola olvide la repugnante 
tragi-comedia herrerista de Octubre de 
1891, no es probable que deje en el tin- 
tero la guerra civil que resucitó las di- 
visas de Rivera y Oribe en este fin du 
siécle , ni que deje tampoco de hincar su 
escalpelo en el cuerpo social de Portería 
y C. a , si es que el nuevo sistema de equi- 
par módicamente los ejércitos, implantado 
por esa modesta sociedad, no sugiere al 
ingenuo escritor la idea de aconsejar su 
adopción en Inglaterra y en la India. 

Podría decirse que ciertos sucesos vie- 
nen como de molde para despertar y mo- 
ver el espíritu eminentemente mercantil 
y activo de personalidades tan empren- 
dedoras cuanto felices en sus negocios. 



CHARLA MENUDA 


9 


Las revoluciones reales y positivas que 
estallan previo anuncio, y las imaginarias 
que se procuran contener con dádivas, 
grados y empleos á pretexto de que pue- 
den producirse, suelen costar muy caras 
al erario por los originales principios de 
ciencia crematística que á su sombra 
desarrollan y ponen en práctica los go- 
bernantes, y mister Green debía de ello 
tomar nota para la próxima edición de 
su artículo, que bien vale la pena de que 
salga corregido y aumentado. 

La República era deudora de bastante 
menos de tres millones de pesos en 1863; 
debió más de once millones cuando mer- 
ced al Brasil triunfó la revolución del 
general Flores en 1865; estaba ya abru- 
mada por poco menos de treinta y seis 
millones, cuando la paz de 1872 con don 
Timoteo Aparicio; elevó en 1875 D. Pedro 
Varela, con laudable parsimonia, la suma 
á cuarenta y cinco millones y pico; sigue 
su galopante aumento hasta alcanzar, en 
la Presidencia de don Julio Herrera y 
Obes ( que Dios guarde de volver á ocu- 
parla) la cifra de ciento cuatro millones 
(2); y el nunca bien llorado D. Juan Idiarte 
Borda, que en materia de erogaciones no 



10 


LUIS MEUIÁN LAFINUR 


quiso quedarse atrás de nadie, la elevó 
hasta ciento diez y nueve millones en 1896; 
pero garantimos á mister Oreen, y para 
esa garantía nuestras buenas razones te- 
nemos, que merced á la honesta y correc- 
tísima gestión financiera del finado señor 
Borda, de la [cual gestión duran todavía 
las proyecciones, la deuda pública no ba- 
jará de ciento cincuenta millones al fina- 
lizar este feliz año de 1897; sean cuales 
fueren los esfuerzos del actual gobierno 
honrado. 

Será, eso sí, otra cuestión, la de averi- 
guar si un país con menos de un millón de 
habitantes, puede soportar, sin hundirse, 
el peso de semejante deuda, no teniendo 
en perspectiva siquiera un razonable au- 
mento de población, esperanza que no 
cabe, como quiera que sus hábiles go- 
bernantes, de país que debiera ser de in- 
migración lo han convertido en país de 
emigración, obligando á sus hijos á aban- 
donar la tierra de su cuna para escapar 
delaleva.de los impuestos abrumadores 
y de la pobreza oficialmente decretada 
merced á escándalos y dilapidaciones que 
han hecho imposible el desarrollo de 
las fuentes de prosperidad y de progreso* 



CHARLA MENUDA 


11 


produciendo situaciones angustiosas de 
aniquilamiento social que disminuyen la 
natalidad, aumentan las defunciones y 
lanzan á la juventud fuera de la Patria en 
busca de trabajo, libertad y garantías. 


II 


Podría el Uruguay, con hijos menos ca- 
laveras, aspirar á mayor importancia que 
la que tiene en el concierto de las agrupa- 
ciones civilizadas. 

Excelente situación geográfica; buen 
clima; una superficie (3) más que doble 
de la del reino de Portugal, mayor que 
la de Grecia, Suiza, Dinamarca y Holanda 
reunidas, y casi tan grande como la de 
cinco naciones europeas juntas, si á las 
cuatro últimas se agrégala Bélgica, des- 
contándole unos cuantos millares de kiló- 
metros; tierra feraz para productos nobles, 
y muchas otras cosas buenas, menos. . . . 
sus hijos. 

¿Por qué son estos hijos tan desnatura- 
lizados y crueles con la madre que, dig- 



12 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


namente tratada, reflejaría sobre ellos, á 
su vez, honor y gloria? 

Si todos fuesen malos sería el problema 
pavoroso, sin que deje de darle tal carác- 
ter el hecho de que no resultan amables 
muchos de los que llevados por la intriga 
ó por su estrella á las cumbres, se ma- 
rean en ellas y no responden ni á la es- 
peranza que hicieran concebir á los in- 
cautos, ni aun á la propia conveniencia 
personal de enaltecer su nombre, siquiera 
no olviden, eso sí, otras conveniencias de 
carácter nutritivo. 

Ahí está la desgracia. Giramos en un 
círculo vicioso. 

El caudillaje gaucho anterior al año 
de 1825 no fundó nada, absolutamente 
nada; nos dejó en servidumbre ignomi- 
niosa [bajo el] pie del extranjero, y des- 
truyó todo lo que la gloriosa y santa re- 
volución de aquel año tuvo después la 
necesidad de rehacer. El caudillaje pos- 
terior á la última guerra de la indepen- 
dencia, en que el país salió victorioso y 
no vencido como en la lucha anterior, 
esterilizó el esfuerzo de algunas genera- 
ciones heroicas, envolviéndolas en los ho- 
rrores^ de la guerra' civil. El caudillaje 



CHARLA MENUDA 


13 


bárbaro ya en sus postrimerías, é incom- 
patible con la época y encarnado en per- 
sonalidades secundarias y ridiculas, fue 
pasto del militarismo de Latorre y de San- 
tos, que lo devoró con crueldad pero con 
eficacia. 

En la Presidencia subsiguiente á la do- 
minación santista le llegó, á su vez, su 
hora al militarismo (4), porque el gene- 
ral Tajes aprovechó sagazmente el pro- 
pio declive de los sucesos y los adelan- 
tos de la razón pública. A esa oprobiosa 
institución agonizante pudiera haber su- 
cedido fácilmente una época de restau- 
ración nacional; pero D. Julio Herrera 
y Obes, que debió llamar al país á vol- 
ver por sus fueros bajo su inteligente pa- 
trocinio, prefirió á esa noble empresa la 
de crear para su uso privado una oli- 
garquía que ha venido dando en nuestro 
país el resultado funesto que siempre dan 
en todas partes las oligarquías. 

D. Enrique Kubly ha dicho (5) que Don 
Julio Herrera y Obes es de erudición muy 
superficial, sin perjuicio de ser gran lector 
de Macaulay. Ponemos por nuestra parte 
en duda que este ilustre autor sea de la 
predilección de D. Julio Herrera y Obes: 



14 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


es demasiado serio el escritor inglés, harto 
sincero en sus juicios y amante conven- 
cido de la libertad, para llenar el vacío 
de un alma tan escéptica y sarcástica 
como la del funesto político uruguayo. 

Nadie ha llevado más lejos que Ma- 
caulay el respeto por el pueblo; nadie ha 
ultrajado más á su pueblo que D. Julio 
Herrera y Obes. 

Macaulay ha fulminado siempre á los 
estadistas liberticidas, y son suyas estas 
hermosas palabras: «Muchos políticos 
de nuestro tiempo han dado en sentar 
como una proposición evidente por sí 
misma, que no debe un pueblo ser libre 
hasta que no esté preparado para hacer 
buen uso de la libertad. Esta máxi- 
ma es digna del loco de la antigua his- 
toria que resolvió no echarse al agua 
hasta que supiera nadar. Si ha de es- 
perar el hombre su' libertad mientras 
adquiere discreción y bondad en la es- 
clavitud, debe esperar eternamente esa 
libertad » ( 6). Y ha dicho ‘también : « El 
sofisma vulgar con que se defienden los 
abusos del poder es éste: él‘pueblodebe 
continuar siendo esclavo, porque la es- 
clavitud ha engendrado en él los vicios 



CHARLA MENUDA 


15 


del esclavo. Porque es ignorante debe 
permanecer bajo el dominio que lo hace 
ignorante y lo mantiene en ese estado » (7). 

A lo que podría haber aprendido don 
Julio Herrera y Obes en la obra entera 
de Macaulay, que es de una sola pieza, 
respirando por todos sus poros ese inten- 
so amor á la libertad que ha hecho del 
pueblo inglés el más grande de la tie- 
rra, ha sustituido el ex-gobernante uru- 
guayo el sofisma bravamente lapidado por 
el célebre historiador de Inglaterra. 

Al respeto por el pueblo, al afán por 
levantarlo y reconocerle sus derechos, ha 
reemplazado en el propósito político de 
D. Julio Herrera y Obes, el sistema des- 
pótico de absorción de todos los poderes 
que tuvo su consagración práctica en la 
Cámara formada por él para elegir Pre- 
sidente de la República á un hombre vul- 
gar (8), desprovisto en absoluto de todo 
mérito y de todo antecedente de civismo, 
y que tuvo su manifestación teórica en la 
doctrina de la influencia directriz cínica- 
mente estampada en un documento públi- 
co bajo su firma. 

Esta doctrina criminal, que arrebata al 
pueblo sus derechos electorales para con- 



16 


LUIS MELIÁN LA.FINUR 


vertir en legisladores por obra del Poder 
Ejecutivo y del fraude á muchos indivi- 
duos en que el país jamás habría pensado 
ni aun para hacerlos Tenientes Alcaldes, 
invadió también esferas que debieran ser 
inaccesibles á la monstruosidad de ciertas 
ideas. 

La justicia, por el órgano de su repre- 
sentación más elevada y con motivo de 
rechazar una protesta electoral, dictó con 
fecha 3 de Enero de 1894 una resolución 
en que lucen estos dos considerandos : 

« Considerando que el fin de la nueva 
ley citada es la reglamentación de la in- 
fluencia oficial, considerándose más pro- 
vechosa para la tranquilidad del país, que 
la reglamentación del sufragio libre en 
sociedades políticamente incoherentes é 
insensibles al sentimiento de justicia; 

<( Considerando que las fórmulas estre- 
pitosas de las protestas que se presentan 
son inaceptables ante el convencimiento 
moral de que los mismos ciudadanos que 
invocan los más altos principios, utili- 
zarían sin escrúpulo los artificios de la 
ley, si les fuera permitido » etc., etc. (9). 

¡Somos pues, en concepto de los que pro- 
fesan las doctrinas iniciadas, teorizadas, 



CHARLA MENUDA 


17 


propagadas y aplicadas por D. Julio He- 
rrera y Obes con el toupet que le es ca- 
racterístico, el país políticamente más sin 
coherencia, y llevamos en la frente el 
sello infamante de los renegados del sen- 
timiento de justicia ! 

A nadie que conozca al descreído go- 
bernante que tan mal resultado diera por 
falta de patriotismo y de vuelo en el si- 
llón de Suárez y Giró, podrá escapársele 
la gravísima situación que traería para 
la República una nueva presidencia del 
mismo ciudadano. 

El pueblo uruguayo, grey de pecheros 
para el eterno epicúreo que no ve en sus 
compatriotas más que . instrumentos de 
sus planes ó máquinas de pagar impues- 
tos, puede cerrar el corazón á toda es- 
peranza si la próxima solución presiden- 
cial no aleja del gobierno á D. Julio He- 
rrera y Obes y los servidores de su ver- 
gonzosa escuela política. 

¡ Tendremos gallardete rojo en la Plaza 
Independencia, trapo colorado sobre la 
bandera de la patria, farsa decorada con 
las complicidades serviles de los logre- 
ros de la política y pretendientes mendi- 
cantes disfrazados de evolucionistas; y 

2 



18 


LUIS MELIÁN LAFINUH 


flameará la batid, evita al lope á los vein- 
tiséis años de remilgues fraternales, como 
ya flameó á los dieciocho de las mismas 
contriciones ! 

Evoquemos un recuerdo. 

Era una noche del año de 1872: se ve- 
rificaba un banquete en celebración de la 
paz; la juventud uruguaya se había con- 
gregado en la común aspiración de ren- 
dir homenaje al porvenir y renegar de 
las causas que habían propendido al fra- 
tricidio. Un sofista allí presente levantó 
la copa y dijo entre otras cosas lo que 
sigue: «Yo bien sé que los partidos ac- 
tuales, como todo lo que es humano, es- 
tán llamados á modificarse y desapare- 
cer en un día más ó menos remoto. Yo 
digo más: yo anhelo que eso suceda cuanto 
antes. Pero para que eso suceda justa- 
mente es necesario abrir el campo franco 
de la lucha en vez de amurallarlo despó- 
ticamente. Es en el trabajo, es en el com- 
bate que se reconocerán los hermanos de 
la idea y se buscarán y se estrecharán 
para marchar unidos á la conquista de! 
ideal común . » 

Continuó el sofista diciendo otras cosas 
muy buenas, y agregó en seguida: « Con- 



CHARLA MENUDA 


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traigamos el compromiso de trabajar en 
la prensa, en los clubs, en las relaciones 
particulares, porque todos tos ciudadanos 
vayan A las urnas llevando una idea pa- 
triótica en la cabeza y un sentimiento 
generoso en el corazón, en vez de Llevar 
una divisa en el sombrero y un puñal ó 
un revólver en la mano » (10). 

Todos aplaudieron con entusiasmo fre- 
nético á D. Julio Herrera y Obes, que 
decía estas bellísimas palabras con acento 
de sinceridad y sumamente conmovido; 
pero el más viejo de los asistentes á la 
ñesta fraternal observó que no debían 
aplaudir, porque aquello carecía de toda 
seriedad, que lo que presenciaban reves- 
tía el carácter de una farsa, y no era otra 
cosaque un fenómeno de metempsícosis; 
que el que hablaba era un tal Gorgías (11 ), 
griego de nacionalidad, el cual no creía 
nada de lo que decía y tenía por oficio 
mentir y engañar á las gentes con el pro 
y el contra, y que emplazaba á la con- 
currencia por veinte años, para cuya fecha 
se volvería á ver á Gorgías en acción ha- 
ciendo las veces de Presidente de una 
República desgraciada por tener que su- 
frirlo; pero por un nuevo fenómeno tam- 



20 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


bién de metempsícosis, Gorgías se trans- 
fundiría á su vez, bien que suavizado con 
arreglo á la época, en un conspicuo y 
bondadoso caballero sud-americano, doc- 
tor en teología, llamado D. José Gaspar 
Rodríguez de Francia (12), un bienhechor 
de la humanidad con sistema original y 
propio del cual tomaría el sofista la parte 
referente á la substitución de la soberanía 
popular, por otro medio menos expuesto 
á tumultos y excesos : «en una sociedad 
políticamente incoherente é insensible al 
sentimiento de justicia ». 


III 


D. Julio Herrera y Obes* á pesar de las 
protestas que contra los partidos tradi- 
cionales formuló en el banquete de marras, 
desautorizadas cierto es por las contra- 
protestas posteriores en sus ministerios, 
presidencias y otras calamidades públi- 
cas, y no obstante toda su cultura social, 
tiene fatalmente que caer envuelto en el 
anatema que por boca de la ciencia ex- 



CHARLA MENUDA 


21 


perimental reserva el espíritu moderno 
para los pueblos bárbaros, que por el 
hecho de serlo resultan ser también los 
más conservadores (13). 

La discordia iniciada en 1836, rejuve- 
necida por el dandismo del más almibarado 
de los ex-presidentes uruguayos, tiene todo 
el color de una travesura que trascendió 
hasta la presidencia grotesca de D. Juan 
Idiarte Borda con la erección de una es- 
tatua, para que al desfilar ante ella los 
blancos se penetrasen de un simbolismo 
revelador de cómo hubo una banda de 
menguados que traicionaron la patria, a 
duras penas conservada por un grupo he- 
roico que salvó las libertades del Río de 
la Plata dentro de los muros de la Nueva 
Troya. 

Los ciceronianos discursos de los ora- 
dores oficiales daban la nota alegre de la 
fiesta con cordiales reminiscencias de una 
época de conmistión de partidos urugua- 
yos y argentinos y de complicaciones in- 
ternacionales muy poco estudiada toda- 
vía ; pero el monumento de granito y 
bronce en honor del gobernante que afren- 
tó y extrañó á Rivera, queda ahí eomo 
prenda de confraternidad perpetua, que no 



LUIS MELIÁN LAFINUR 


expone las grandes energías de un cír- 
culo á que se borren como una gloria 
vulgar, semejante á la de Octubre de 1891, 
que no determinó cambio alguno en la 
política lame-platos llamada hoy por sar- 
casmo evolucionista, que no produjo la 
indignación de ningún legislador de la 
fracción apaleada ni se caracterizó por 
otro rasgo de energía blanca que la re- 
nuncia provisional de un ministro desca- 
rriado, vuelto al redil á los quince días, 
lloroso y arrepentido, así que vió en serio 
peligro la política evolucionista á que de- 
dicaba sus patrióticos afanes. 

Es el crimen de D. Julio Herrera y Obes 
haber aprovechado la decadencia moral 
del país levantando sin necesidad y sin 
objeto honorable antagonismos que él por 
sus antecedentes personales y de familia 
era el menos apropósito para cimentar 
sobre la divisa de Rivera ( 14 ); y ha sido 
su error la creencia de que una participa- 
ción menguada de elementos que servían 
su política mezquina, disfrazados en apa- 
riencia de antagonistas de aquella divisa, 
era lo suficiente para engañar á un país 
que, si está hastiado de farsas y banderías 
v trapos deshilacliados, está al mismo 



CHARLA MENUDA 


23 


tiempo sediento de seriedad y decoro en 
el gobierno de honrada administración 
nacional, de magistrados, en fin, que no ha- 
gan de su posición política un ludibrio, y 
del poder una ganzúa. 

Mirar al porvenir y dejar á los muertos 
que entierren á sus muertos, es lo que el 
país necesita. Que concluya una brega fa- 
tal que sólo cede en beneficio de los am- 
biciosos vulgares y de los audaces, una 
pelea que ya ha durado bastante si se tie- 
ne en cuenta que Artigas luchó contra el 
poder civilizado y central de las Provin- 
cias, los caudillos que vinieron en pos de 
él lucharon contra las instituciones, el mi- 
litarismo luchó contra los caudillos y con- 
tra todo el que tenía algo que perder, y 
la oligarquía presidida por D. Julio He- 
rrera y Obes está en pie furibunda y brio- 
sa en su batalla contra el país entero. 

Y todo este perpetuo combate, librado 
siempre de un punto de vista personal y 
estrecho, ha concluido por causar el ma- 
yor de los males, que es el cansancio. De 
la postración cívica ha venido la repug- 
nancia que la mayoría de los hombres 
probos sienten por la cosa pública, li- 
brando sólo al tiempo sus desmayadas 



24 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


esperanzas que relegan como un pesado 
fardo á generaciones más felices. 

De esta mortificante fatiga del pueblo, 
se han aprovechado gobernantes §in pa- 
triotismo, como D Julio Herrera y Obes, 
que han montado una máquina de leyes li- 
berticidas por un motivo personal efímero, 
sin calcular quién en último término ju- 
garía con sus peligrosos resortes; y esas 
leyes, con infamia calculadas, dejando al 
ciudadano desarmado frente á frente del 
poder irresponsable y arbitrario, han crea- 
do un despotismo permanente que cual- 
quier individuo por insignificante que sea 
maneja é impone sin esfuerzo, y que no 
exigiendo para su ejercicio las condiciones 
personales de un Rosas ó un Latorre, lo 
mismo fué utilizado por el inventor de la 
influencia directriz que por su sucesor, á 
quien nadie habría creído capaz de inven- 
tar la pólvora ( 15). 

Suave fué en efecto el despotismo He- 
rrero-Bordista, porque la desgraciada do- 
cilidad de los que hubimos de soportarla 
fué más suave áun y quieta y resignada; 
pero por lo mismo que nació con ca- 
racteres de arraigo oficial fácil, consue- 
tudinario y cómodo, fué el despotismo in- 



CHARLA MENUDA 


25 


ventado por la influencia directriz, más 
corruptor, degradante y duradero. 

Poco, á la verdad, pervirtió la tiranía 
de Latorre; porque sus formas brutales, 
guarangas y sangrientas indicaban que 
sería pasajera. No fué el país inoculado 
con su virus, y al rechazarla con horror 
miróla pasar como una pesadilla espan- 
tosa, lúgubre y siniestra; pero un des- 
potismo que no es grosero ni cruel, y que 
no causando miedo apenas determina in- 
diferencia, tiene á la larga que ser du- 
ramente expiado; y ya lo estamos expiando, 
porque el ciudadano indiferente deja de 
ser tal ciudadano, y un país que no los 
tiene puede conceptuarse irremisiblemente 
perdido : verá, sin escozor ni pena, el des- 
consolador espectáculo de la iniquidad 
triunfante, y hallará que es habilidad po- 
lítica aquel acto en que resulten confun- 
didos la maldad, el fraude y el cinismo. 

Por eso, sin mayor protesta, el pueblo 
uruguayo, risueño ó indiferente más nó 
indignado, acaso ni siquiera entristecido, 
ha visto enojarse á los compadres y de- 
cirse las verdades, en ese pugilato im- 
púdico en que, á las indirectas de cuño 
bordista en la gaceta de palacio, D. Ju- 



26 


LUIS ME LIAN LAFINUR 


lio Herrera y Obes contestó en un dia- 
rio constitucionalista, olvidando sin duda 
que á «La Nación» fue él quien la ama- 
mantó con los mismos fines, prerroga- 
tivas y gangas de los buenos tiempos 
de Latorre v Santos. 

Dijo el inventor de la influencia di- 
rectriz en «La Razón» del 24 de Agosto 
de 1897: «D. Juan Idiarte Borda es un 
hombre ignorante y de inteligencia es- 
trecha»; y agregó en el mismo artículo: 
«la causa única de esta caótica situación 
financiera, está en el desorden admi- 
nistrativo, en la dilapidación verdadera- 
mente insensata de los dineros públicos». 

Pero, ¡qué! ¿pretende acaso D. Julio He- 
rrera y Obes que su administración fué 
un modelo? 

¿Lo da á entender? ¿lo supone? ¡Debe 
creer entonces que en nuestro país el sen- 
tido moral es un cadáver! 

Mas ¿por qué insultó á Borda? ¿por qué 
descubrió recién en el último año de su 
presidencia «que era ignorante y de in- 
teligencia estrecha»? 

¿Era ilustrado y de vasta inteligencia 
D. Juan Idiarte Borda cuando su antece- 
sor en la primer magistratura utilizó la 



CHARLA MENUDA 


27 


influencia directriz en hacerlo senador y 
darle comisiones reservadas de fraude 
electoral, y humillar cruelmente á los co- 
lorados imponiéndolo de Presidente del 
partido, y finalmente de Presidente de la 
República, para humillar al país entero? 

No se haga D. Julio Herrera y Obes 
la inocente ilusión de que haya alguien á 
quien pueda engañar; reconozca su es- 
trechez de miras, su propósito fracasado 
de poner á Borda de fideicomisario pre- 
sidencial para que á su tiempo le de- 
volviese la banda; confiese en sus per- 
sonales confidencias con la almohada lo 
que sabe todo el mundo, lo que una sá- 
tira anónima del siglo pasado ponía en 
boca del marqués de Grimaldi, cuando 
su caída: 

Pero no les salió como pensaban. 

Porque les lie pegado el gran petardo 
De deshacer sus máquinas é intrigas 
Poniendo en mi lugar un hombre bajo, 

De corazón torcido y tan perverso 
Que aparenta candor y encubre rayos. 


Efectivamente, con su sucesor, D. Julio 
Herrera y Obes le pegó al país el gran 
petardo; pero se lo pegó él también 



28 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


á la postre; porque prescindiendo del caso 
del Dr. Vidal, fideicomisario leal y su- 
miso, los demás sucesores presidenciales 
impuestos por el fraude, siempre se han 
levantado con el santo y la limosna; y ora 
fuese porque el poder efectivo y el inte- 
lecto político de D. Julio resultasen me- 
nores que en el general Santos, ora por~ 
que su olfato no calzase los quilates del 
mismo ínclito guerrero en cnanto á la 
clase del fideicomisario á elegir, el caso 
es que el cuadrienal sustituto uruguayo 
pególe el chasco del siglo, porque resultó 
la viva imagen del animalito que una fá- 
bula de la misma época y sobre el mismo 
tópico de la sátira precitada, pintaba así: 

Todos los animales 

Grandes, pequeños, mansos y furiosos 

Eran para él iguales; 

Con rigor los trataba y aspereza 

Y despreciaba fuerzas y grandeza. 

Despreció, pues, D. Juan Idiarte Borda 
las fuerzas y grandeza de su generoso y 
abnegado patriótico ex-protector, y aun- 
que muy agradecido á la herencia de la 
influencia directriz,. que aceptó sin bene- 
ficio de inventario como que conocía de 



CHARLA MENUDA 


29 


antemano la importancia del acervo lí- 
quido, el hecho es que últimamente sus 
procedimientos se encaminaban á no de- 
volver la banda á aquél de quién la reci- 
bió, porque, en sus adentros, también so- 
ñaba con el obsequio de' un nuevo petardo 
al país, pero petardo de conducta menos 
irreverente que la que venía él de observar 
con su antecesor, al disponer á su manera 
del fideicomiso rechazando la acción su- 
maria de D. Julio de recuperar la pose- 
sión. 

Fué ese rechazo del interdicto instau- 
rado en los conciliábulos del mirador de 
la calle de Canelones, lo que movió la 
cólera tardía del que cándidamente creyó 
en el despacho favorable de su memo- 
rial político de petitione consulatns , que 
desechado como fué, motivó fuegos arti- 
ficiales en la tribuna del parlamento y 
en las columnas de un diario constituciona- 
lista, cuyos lectores están en el secreto 
de las conspiraciones parodiadas á la 
« Filie de madame Angot», y conocen la 
sinceridad de los móviles que guían las 
indignaciones tardías del jefe del colec- 
tivismo. 

Pero, vamos á cuentas : ¿ qué tiene Don 



30 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


Julio Herrera y Obes que enrostrar al fi- 
nado D. Juan Idiarte Borda en materia 
de política y de administración? 

¿Las últimas elecciones? ¿El cómplice 
airado con el co-autor del delito? ¿Indig- 
nado el propagador de la influencia di- 
rectriz ? ¿El maestro descontento porque 
el discípulo aprovechó bien sus leccio- 
nes? ¡ Bah ! 

¿Cómo quiere que dados sus antece- 
dentes tome nadie á lo serio el papel que 
ahora pretende desempeñar, calzando el 
coturno trágico, cuando sólo cuadran cas- 
cabeles? 

¿Levantó él menos que Borda su vo- 
luntad omnímoda sobre la soberanía po- 
pular? Mintió menos en los mensajes ? 
¿Agobió con menos gabelas al país tra- 
bajador? ¿No premió con sinecuras al 
igual de su sucesor el mérito singular de 

las genuflexiones ante su persona? 

¿ Para sus desórdenes administrativos no 
impuso fuertes descuentos á los sueldos 
de los buenos servidores? 

La comedia latorrista de la Unión, en 
que Don Julio Herrera y Obes rebajó el 
ejército de línea á un papel odioso con 
caracteres de farsa molinera, pero cruel 



CHARLA MENUDA 


31 


por su sangriento desenlace, no había 
tenido precedentes, acaso por la misma 
imprudencia de jugar con una institución 
de suyo peligrosa, y que sólo un amateur 
podía hacer objeto de divertimientos que 
no se habrían permitido los profesores 
patentados del militarismo cauteloso. 

¡ Pero tan horrible y vergonzoso suceso 
sentaba bien en el político que de muchas 
de las más altas funciones públicas hacía 
una mera repartición de espórtulas en- 
contrando por ese medio quien le sirviese 
para todo! .... 

¡ Y cuidado que fué caro también el go- 
bierno de nuestro gran mandatario civil!! 

Toda la presidencia de D, Julio He- 
rrera y Obes fué un desastre financiero, 
¡ como fué un desencanto y una vergüenza 
pública apenas compensada con la frase 
de que si el Dr. Brian no existiera sería 
necesario inventarlo! .... 

Subvencionaba compañías de óperas 
dentro del presupuesto subterráneo y ocul- 
to que él se votaba para usos ajenos al 
presupuesto sancionado por las Cámaras, 
y se permitía tal liberalidad cuando el 
pueblo se moría de hambre y lo ayudaba 
él á bien morir ultimándolo con bárbaras 



32 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


gabelas. ¡ Dura todavía el recuerdo de las 
célebres cuentas de la jefatura política 
de la Capital con déficit atribuido á fines 
políticos de fraude en las elecciones ! Para 
pagar algunos presupuestos arrojó sobre 
la República el descrédito de suspender el 
servicio de la Deuda Pública y las garan- 
tías á los ferro-carriles, con cuya gracia 
dejó de pagar próximamente siete millo- 
nes de pesos, que se consolidaron des- 
pués. 

¡Las economías del Dr. Herrera en su 
gobierno se tradujeron en la emisión de 
treinta millones de deuda! .... Se permi- 
tía gastar un millón de pesos en eventuales 
cada año, ó sean cuatro millones en su 
administración modelo; y ¡da pena reco- 
rrer las colecciones de leyes al ver cómo 
menudeaba las que á impuestos se re- 
fieren ! 

¡ Y todavía ha llamado caótica la situa- 
ción financiera de Borda, como si la de 
su gobierno hubiera sido mejor! 

La historia de la República no cuenta 
una época más funesta, de más triste re- 
cordación, de más ausencia de sentido 
moral, que la presidida por D. Julio He- 
rrera y Obes, con el apéndice de haber 



CHARLA MENUDA 


33 


dejado de sucesor á un hombre de las 
condiciones de D. Juan Idiarte Borda para 
que completase la obra de partidismo 
mezquino, de desorden y desquicio que 
él le entregaba perfectamente bien ci- 
mentada. 

Después de releer lo escrito sobre el 
mañoso jefe del colectivismo, conside- 
ramos benévolos nuestros juicios acerca 
de un ciudadano que sólo nos es antipá- 
tico como político, y que por su conducta 
anti-patriótica ha merecido la más se- 
vera censura de muchos de sus antiguos 
amigos. 

Con este antecedente, antes que multi- 
plicar las opiniones, preferimos limitarnos 
á una que hemos escogido, no tanto por 
ser de un ex-miembro del Superior Tri- 
bunal de Justicia y ex-Ministro Plenipo- 
tenciario nombrado por D. Julio Herrera 
y Obes, sino porque pertenece á un es- 
critor que si bien puede mortificar con 
su sátira intencionada y punzante, en 
cambio jamás se ha caracterizado por 
pasiones mezquinas ó enconosas ó por 
obedecer á móviles personales que amen- 
güen el mérito de.su personalidad. 

« Formó el partido de los necesitados — 

3 



34 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


dice de D. Julio Herrera y Obes, el literato 
á que aludimos — postró todas Las fuerzas 
sociales y políticas del país, y se declaró 
sol refulgente de todos los que se acer- 
caban á su firmamento. Dió á luz á Re- 
migio Ayala con la misma bondad que á 
D. Carlos Casaravilla; y á D. Fernando 
Torres en pareja con el coronel Toledo, 
iluminólos con distinta presión, concedién- 
dole al segundo intensidades de luz eléc- 
trica, y al primero tintas opacas, como 
convenía á uno de los héroes del sitio, 
dignos de conminar al cinismo desde su 
tranquilo reposo. 


« Julio Herrera, con mucho menos valor 
que Soto , sin pasiones en juego manifiesto, 
como un sacerdote de barba fuerte que se 
afeita todos los días para parecer lampiño, 
logró el triunfo del dandismo en el mando. 

« Los recursos de que se valió fueron des- 
prestigiantes y abominables. 

« Y en consecuencia su gobierno se con- 
cretó á convertir al desmérito mora 1 el 
mayor número posible de ciudadanos. 

« Temiendo que su persona fuese ata- 



CHARLA MENUDA 


35 


cada., creó una personalidad adicta que 
inspirase temores de represalias violentas 
é inmediatas y se consideró así seguro de 
su vida en la limitada locomoción de su 
persona, siempre en carruaje con dos re- 
vólvers prontos. 

« Esa personalidad tiene gente electoral 
á sus órdenes, é inspira ¡a idea de que á 
una señal ligera puede proceder con frui- 
ción y sacar del medio al que estorbare. 

« Arribado al mando el astuto Julio He- 
rrera, dejó entre las espinas del camino 
su estimación personal hecha jirones , se- 
gún la crítica de la austeridad más se- 
vera; y como la estimación personal no 
se rehace como un cuadro de infantería 
que se rompe, su fondo de político y su 
acción de siniestro hombre de Estado , es 
la soberbia vengativa de su propio de- 
sastre moral. Así, corromper á ciudada- 
nos y á jueces para lograr su propósito 
personal de vivir y figurar , y contemplar 
al ejército, donde tanto hombre de ho- 
nor figura, como la columna equilibrada 
é inconmovible de su dandismo brillante , 
es su hilarante placer. 

« Como el dandismo es contagioso, por- 
que es atrayente esa situación de un hom- 



36 LUIS MELIÁN LAFINUR 


bre elegante, decidor, fingidamente bon- 
dadoso, aunque con intenciones perversas, 
nuestro país sufriría un fracaso definitivo, 
si al Sr. D. Juan Idiarte Borda, con su 
cara de hombre justo, le entraran deseos 
de imitarle, de ser dandi , y se acostum- 
brara al agradable vicio de despreciará 
todo el mundo » (16). 

Así habla quien fué íntimo amigo del 
inventor de la infuencia directriz , cuya 
política sirvió con decisión, franqueza, y 
eficiencia. 


IY 


El remedio para los inmensos males 
causados por D. Julio Herrera y Obes y 
D. Juan Idiarte Borda ¿pudo ser una re- 
volución con divisa de partido? 

La lucha impía que ha despedazado 
el seno de la patria quemando incienso 
en el altar de los ídolos sangrientos del 
pasado, ¿ puede ser la base anhelada de 
futuros prósperos destinos ? 

Concebimos las grandes revoluciones 
que estallan fatal y necesariamente en cir- 



CHARLA MENUDA 


37 


cunstancias excepcionales; porque cuando 
las libertades han sido sofocadas, la vir- 
tud escarnecida y el honor vilipendiado, 
no queda á los pueblos otro recurso que 
la heroica energía que arranca de la de- 
sesperación para luchar y morir por una 
idea; pero á nombre de extemporáneas rei- 
vindicaciones históricas y de intereses de 
círculos y de trasnochados anacronismos, 
no se justifican los sacudimientos socia- 
les que para ser proficuos é imponentes 
exigen un concurso que sólo puede pres- 
tar una causa universal que congregue á 
un pueblo entero en una común aspira- 
ción, como común haya sido la ofensa á 
su dignidad y á sus derechos. 

Hace mucho tiempo que estamos en 
este terreno del que jamás saldremos. Por 
eso, cuando el primer movimiento armado 
de D. Aparicio Saravia, al evacuar como 
abogados una consulta sobre la libertad de 
la prensa, dijimos por incidencia: «Un 
movimiento revolucionario con divisa de 
partido, está irremisible y fatalmente con- 
denado por esa circunstancia á ser estéril 
é insensato y sucumbir como ha sucum- 
bido apenas iniciado, por faltarle bandera 
amplia, prestigiosa y popular; porque si 



38 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


bien el país entero podría hacer suya en 
estos momentos la famosa frase de La- 
fayette y decir que «la insurrección es 
el más santo de los deberes », á nombre 
de un partido, en cambio, no puede na- 
die levantarse contra otro partido ima- 
ginario que suponga en el poder, desde 
que la oligarquía que hoy afrenta á la Re- 
pública con los caracteres más vulgares 
y vergonzosos, no es emanación de un 
partido tradicional que hostilice á la frac- 
ción históricamente antagónica, sino que 
es un pequeño conjunto de hombres sa- 
lidos de todas partes, de todos los par- 
tidos v de todos los círculos, ó de nin- 
guno, para explotar el país en su pro- 
vecho personal, deshonrarlo y empobre- 
cerlo» (17). 

Poco tiempo después, cuando la segunda 
invasión blanca tomó más cuerpo por la 
radicación en Buenos Aires de un comité 
de guerra que allegaba recursos é in- 
fluencias á cara descubierta, y en momen- 
tos en que los revolucionarios se hacían 
las mayores ilusiones por el triunfo de 
«Tres Arboles», nosotros persistíamos 
en creer perdida la revolución, y en amis- 
tosa, franca y retozona intimidad escri- 



CHARLA MENUDA 39 


bíamos al ciudadano más caracterizado 
del citado comité de guerra, dictándole 
que si D. Ambrosio Velazco resucitase 
modificaría su definición del partido blan- 
co, y que si bien persistiría acaso en su 
opinión sobre la cabeza, es seguro que 
reconsideraría lo relativo al cuerpo (18). 

Fué para nosotros la mayor prueba de 
la ofuscación que padecía el comité blanco , 
aquel programa revolucionario de Marzo 
del corriente año, que no tomaba por mo- 
tivo único de la querella la desastrosa é 
indecente administración de Borda, sino 
que atropellaba sin disimulo al partido 
colorado ¡ por lo que había sucedido treinta 
y tantos años atrás ! 

«¡ No justificará nunca la historia el ata- 
que contra el gobierno constitucional de 
1860!», dice el citado programa, que por 
poco retrograda en su oportuna expresión 
de agravios hasta los tiempos bonancibles 
de Yucutujá y el Palmar! 

«Durante ese predominio (el de los co- 
lorados) que ya lleva más de treinta años, 
la República, salvo momentos fugaces, ha 
sufrido todas las amarguras de que puede 
ser pasible una nación independiente », 
agrega el programa; y todo ello no fué 



40 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


más que una ganga para Borda, puesto 
que la revolución, según eso, no se le ha- 
cía á él por ser mal gobernante, sino 
como sucesor de los que vienen de atrás 
como colorados impenitentes usurpando 
el mando desde hace más de treinta años ! 

En seguida una calumnia para Borda 
cuando se le dice que « suprimió el mee- 
ting , palanca eficiente del progreso mo- 
derno en política, porque ve en el ejer- 
cicio del derecho de asociación fuerzas 
morales, corrientes de opinión que pro- 
testan contra sus actos ilegales y nefarios» . 

Palanca eficiente y todo lo que se quiera; 
pero i qué había Borda de suprimir meeting 

ninguno!! Por el contrario, nunca ha 

habido meetings más numerosos del par- 
tido blanco que en su administración; y 
tanto que de ahí se originaron algunos 
errores sobre las fuerzas militares del 
partido, porque sus directores tomaron 
como elementos dispuestos para la acción 
á los ciudadanos que en número de seis 
ú ocho mil ó más, se reunían en pací- 
fico festejo al rededor de los asados con 
cuero, proporcionados por la liberalidad de 
algunos estancieros que nunca pensaron 
moverse de sus casas en són de guerra 



CHARLA MENUDA 


41 


y han cumplido su propósito al pie de la 
letra. 

Algo debieron desconfiar los del comité 
de los efectos del primer manifiesto de Mar- 
zo, porque el 25 de Mayo propinaron otro 
en forma de carta al general Saravia. 

En este último documento cesan las mi- 
radas retrospectivas sobre el pasado his- 
tórico, con la declaración de que : « Si el 
Partido Nacional fué el único en lanzarse 
á la lucha, si sólo sus bravos soldados 
son los que han caído en el combate li- 
brado contra los opresores comunes , no es 
porque hayan ido á buscar el triunfo ex- 
clusivo de su colectividad». 

Muy bien: «Por nuestra libertad y por 
la vuestra», como en la divisa del pola- 
co; pero los dos programas son diferen- 
tes, acusando el segundo respecto del pri- 
mero un progreso tan laudable en las 
ideas, que una observación superficial no 
hallaría la clave de tanta fraternidad en 
medio de la exaltación que produce el es- 
tado de guerra. 

Es sin embargo, conjeturas á un lado, 
el segundo manifiesto un escrito templado, 
que aunque poco habla de mandar armas, 
no olvida en cambio el precepto cristiano 



42 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


de rezar por los muertos, cuando dice : 
« Entre tanto este comité ha dispuesto, 
como lo verá V. E. por el testimonio acom- 
pañado, las honras fúnebres que debemos 
á los muertos en todas las batallas que 
hqin tenido lugar », y continúa y termina 
así en forma de pastoral : «debemos mez- 
clar el voto de nuestra gratitud por la 
protección que nuestra divina providen- 
cia ha dispensado á las armas de la re- 
volución, que, como en los días de la 
tragedia cristiana, lleva también en sus 
banderas la redención de un pueblo opri- 
mido». ¡Amen! (19). 

En lo que todas las revoluciones han 
sido ricas, esto es, en programas y pro- 
mesas, pobrísima fué la revolución del 
año corriente. 

Y ha sido también pobre en todo lo 
demás: exceptuando la constancia y he- 
roísmo de los que han peleado brava- 
mente en tantas mortíferas batallas como 
han ensangrentado el suelo de la patria- 

Pobre ha sido su dirección política, y 
anárquica también. Dentro de sus ele- 
mentos civiles, como en el seno de las 
fuerzas militares, ha habido todo lo que 
se necesita para desquiciar una causa; 



CHARLA MENUDA 


43 


y el episodio de la deserción del coronel 
Núñez, bien que el más ruidoso, no ha 
sido el único de su género, aunque sea 
justo reconocer que la anarquía en el ejér- 
cito no ha sido tanta como la del llamado 
Comité de guerra, presidido por un ha- 
bitante de Buenos Aires que desde hace 
cincuenta años dejó de figurar en el mo- 
vimiento social y político de su país na- 
tivo. 

A la presidencia efectiva del Comité, bien 
que estuviese en manos de persona muy 
seria y discreta, se le agregó prudente- 
mente una presidencia honoraria de do- 
ble fondo ¡y en una mitad con raíces en 
el Vaticano, ad majorem dei glpriam! 

Pero ni áun con este rasgo profundo 
de cordura religiosa abrieron los católi- 
cos blancos la bolsa en la proporción que 
fuera de desear. 

Borda les había dado el arzobispado; 
y ni la presidencia beatífica y honoraria 
del Comité , ni los cabildeos bélicos de un 
ex-representante clerical que dejó las Cá- 
maras de la influencia directriz, por él 
aprovechada en consecutivas legislaturas, 
para cambiar su librea bordista por el 
revólver del conspirador, fueron motivo 




44 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


de suscitar las indignaciones del ultra- 
montanismo uruguayo en realidad ven- 
cedor dentro de las duras derrotas de la 
causa popular. 

El arzobispo Soler es la personalidad 
más influyente, como se comprende, en 
el partido blanco- ultramontano; los blan- 
cos ricos son casi todos clericales, ¿ qué 
interés podían, pues, tener en hostilizar 
á Idiarte Borda, que les daba lo que na- 
die? (20), 

Pero ¿es sólo el dinero de los que po- 
dían entregarlo en cantidad suficiente á 
los menesteres de la revolución, lo único 
que haya faltado? 

Sabemos que las tres cosas esenciales 
para hacer la guerra son, según un pe- 
rito en ese oficio: 1 'argent, Yargent et Yar- 
gent. 

Creemos, sin embargo, que aun cuando 
hubiera sobrado el dinero, siempre ha- 
brían faltado otros elementos para ase- 
gurar .el éxito. 

El país no ha respondido al programa 
revolucionario: lo ha juzgado estrecho é 
inadecuado al momento histórico. 

Los jefes y oficiales del partido blanco 
se han quedado en sus casas; y los ha 



CHARLA MENUDA 


45 


imitado la ardorosa juventud de los ban- 
quetes y los clubs. 

La campaña no dió el contingente que 
se esperaba; y la capital tampoco. 

Relativamente á su número, pocos son 
los oficiales blancos que el Estado Mayor 
General ha tenido que citar á compare- 
cencia; y muchos de los ausentes, no han 
dejado la patria por ir á prestar servi- 
cios á la revolución, sino que simplemente 
han emigrado por razones de tranquili- 
dad y no verse á lo mejor envueltos en 
el desempeño de escabrosas ayudantías 
como los coroneles Pampillón y Saura, 
los cuales, al concluir su equívoco cauti- 
verio, hanse visto en peligro todavía del 
retiro con ó sin sueldo que reserva el ar- 
tículo 469 del Código Militar á los que 
renuncian comisiones. 

El ejército de Saravia ha debido por lo 
menos contar de diez á doce mil ciuda- 
danos, si el trapito blanco hubiera fla- 
meado con el prestigio de otros tiempos. 

Nunca ha tenido arriba de dos milla- 
res, si de los tres mil soldados á que ha 
ascendido en sus días de glorioso apo- 
geo se descuenta la tercera parte de abne- 
gados voluntarios extranjeros que en to 



46 


LUIS MELIAN LAFINUR 


das las revoluciones surgen de Entre- 
Ríos, Corrientes y frontera brasilera, cen- 
tros que tienen siempre en disponibilidad 
núcleos de libertadores desde los tiempos 
de Artigas. 

¿Es que la fibra uruguaya ha aflojado? 
Los combates en que se ha visto desple- 
gar hasta la temeridad lujo de hidal- 
guía y de coraje, prueban todo lo con- 
trario. 

¿Son menos los blancos que cuando la 
revolución de Aparicio? 

Las comilonas en que se reunían seis 
y ocho mil, y los clubs de Montevideo 
que en todos sus barrios existían, cada 
uno con quinientos y seiscientos asocia- 
dos, prueban que, cuando menos para ma- 
nifestaciones alimenticias y oratorias, el 
número de entusiastas adherentes ha au- 
mentado. 

De las tres categorías en que se divide 
la guardia nacional únicamente la móvil 
fué citada en la capital, al especialísimo 
efecto de conocer su efectivo. Se inscri- 
bieron veinte mil ciudadanos, de los cuales 
suponiendo que sólo la mitad fuese de 
blancos , daría diez mil afiliados que se 
quedaron con toda comodidad en sus res- 
pectivas casas. 



CHARLA MENUDA 


47 


¿Qué demuestra todo esto? sencillamente 
que la divisa de partido no resultó po- 
pular ni prestigiosa, en contra de la opi- 
nión de los que contaban con el ejército de 
Xerjes al conjuro de la cintita blanca , y 
dé los que, examinando con mala fe ó tor- 
cido criterio los fracasos del movimiento 
tricolor y el del Quebracho, los atribuí 
yeron á que el país no respondió al lla- % 
mado, cuando á otras causas debieron 
atribuirlos. 

El desengaño ha venido á tiempo ; y 
más que para nadie para aquellos que, 
al buscar la unidad en el cintillo vieron 
que se teñían de sangre revolucionaria 
las banderolas blancas de los lanceros de 
Muniz. 

Por lo demás, habiendo el país entrado 
al terreno de la concordia deponiendo las 
armas fratricidas, no tendríamos palabras 
más elocuentes que dirigir á las nuevas 
generaciones uruguayas, para cerrar este 
parágrafo, que las que tomamos de la re- 
ciente conferencia política dedicada en la 
vecina orilla por el Dr. D. Carlos Pellegrini 
á la juventud y estudiantes del Partido 
Nacional, porque la verdad es que no se 
explican los enconos «por parte de jó- 



48 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


venes que tiempo tendrán para acumu- 
lar amarguras y hasta odios propios sin 
necesidad de hacerse herederos volunta- 
rios de los ajenos » . 


V 


Diremos una vez por todas que somos 
evolucionistas como el que más, admi- 
tiendo, eso sí, la evolución para mejorar 
y nó para corromper. 

La coparticipación de los hombres ho- 
nestos de todos los partidos en el go- 
bierno y la administración, es una necesi- 
dad, mientras nuestros partidos no sean de 
principios, y puedan entonces turnarse en 
el manejo de la cosa pública, lo cual no 
cabe todavía porque no hemos alcanzado 
el progreso institucional indispensable 
para rehacer en condiciones serias, sen- 
satas y prácticas partidos inorgánicos que 
hoy por hoy en nada se diferencian esen- 
cialmente, desde que el programa en to- 
dos ellos es el mismo, sin que los divida 
ninguna idea fundamental. 



.CHARLA MENUDA 49 


Pero no entendemos por evolución un 
disfraz para explotar cargos políticos bien 
rentados, ni cabe á ley de decoro llamar 
evolución la conducta de los que por pro- 
pia y exclusiva conveniencia han servido 
incondieionalmente la política personal y 
estrecha de nuestros peores gobernantes. 
Estos evolucionistas gastronómicos llevan 
en la frente la marca eterna que les puso 
Tácito : /tomines cid seroitutem paratos ! 

Gracias á la desaparición de Borda del 
escenario, individuo tan terco y obcecado 
como malo, y sin más oposición á la con- 
cordia uruguaya que la del gran patriota 
D. Julio Herrera, estamos en 1 plena paz 
y rige los destinos de la República un 
gobierno honorable que ha comenzado 
bien su tarea con justicieras é inteli- 
gentes iniciativas, con amor á la econo- 
mía y al orden, y con mano firme, 
que al dar satisfacciones á la opinión 
pública nos arranca del mimetismo (21) 
político en que hemos vivido estos últi- 
mos años, cuando, por no descontentar 
á innumerables parásitos, se ha procurado 
adaptar la situación del país á las con- 
veniencias de determinados individuos ó 
comanditas, invirtiendo de esa manera los 



50 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


términos del problema para resolver que: 
puesto que de tiempo atrás vienen los 
abusos, no hay para qué cortarlos, y que 
debe más bien darse estímulo á los do- 
lames para que se multipliquen y per- 
severen en un medio viciado, de modo 
que no sólo la adaptación sea completa 
y perenne, sino que también el medio am- 
biente y la enfermedad correspondan uno 
á otra, y vice-versa, á fin de constituir una 
estabilidad apestosa dentro de la unidad 
de proyecciones y colores que hagan de 
la corrupción y el escándalo un tipo úni- 
co de gobierno que pase de mano en mano 
sin que varíe la especie; y así tenemos 
las analogías del sistema de Borda con 
el de Herrera en fraudes electorales, sub- 
venciones de teatros, abuso de eventua- 
les, oficinas inútiles, emisiones de deuda 
y demás desórdenes y vergüenzas que fue- 
ron á ambos comunes. 

Defectuosas como han sido siempre entre 
nosotros las manifestaciones de la opinión 
pública, no la hemos sabido hacer sentir ni 
encarrilar como en Buenos Aires, que diú 
cuenta del doctor Saenz Peña, un hombre 
distinguido y honorable, que* no cometió 
más falta que la de gobernar sin tacto poli- 



CHARLA MENUDA 


51 




tico, lo cual aquí habría sido leve pecado 
perdonable, porque exceptuado Borda, que 
después de todo lo que sobre él sabemos 
era además de malo bastante estúpido, los 
otros gobernantes que han hecho desas- 
trosa administración no ha sido por falta 
de inteligencia sino por carecer de sentido 
moral. 

Aquí no conocemos para correctivo de 
intolerables gobernantes más que los ex- 
tremos de la abstención, la sumisión y el 
retraimiento ó el azar de lás revoluciones 
cada vez más desprestigiadas; con la par- 
ticularidad de que para tener en ellas espe- 
ranza nos olvidamos que muchas veces 
las incuban y dirigen contra los malos 
gobiernos aquellos mismos individuos que 
sirvieron antes incondicionalmente situa- 
ciones iguales - ó peores que las que com- 
baten sólo porque de ellas les tocó ser 
barridos, después de empeños y bajezas 
que no les dieron resultado. 

Si la más noble tarea del hombre público 
es establecer el reinado de las instituciones, 
de la libertad y de la paz sin el recurso del 
fraude ni menos de la fuerza, no olvidemos 
que más gobiernan á los pueblos sus cos- 
tumbres que sus leyes escritas, y entonces 



52 


LUIS MELIÁN LA FINI! R 


lo que hay que hacer es combatir esos 
flagelos que se han inoculado en nuestra 
sociabilidad con la idolatría histórica del 
caudillaje, cuyas glorias y servicios se mag- 
nifican para deprimir inconscientemente al 
pueblo que ha sido siempre el alma gene- 
rosa de nuestras reivindicaciones políticas. 
Porque claro está que si en tradiciones de 
fuerza y en personalismos cuyo juicio co- 
rresponde á la historia, es en lo que pone- 
mos nuestros más santos ideales, perdemos 
lamentablemente el tiempo los que no te- 
niendo ningún Wáshington que exhibir, 
nos empeñamos en inventarlos á granel, 
dotándolos de todas las perfecciones ima- 
ginables para lamentar su ausencia en las 
deliberaciones del día, llegando por la ne- 
cesidad de adorarlos hasta el extremo de 
sustituirlos en efigie para no perder del 
todo la proyección de sus antecedentes y 
sus glorias. 

En estas aberraciones han caído siempre 
muchos de nuestros hombres dirigentes de 
todos los partidos, que no lo han hecho sin 
duda por ser lacayos de la multitud vocin- 
glera; pero que sin quererlo ni meditar su 
alcance perjudicial «han tocado esa flauta 
simple y fácil que el monstruo rudo de in- 



CHARLA MENUDA 


53 


numerables cabezas, el discordante é inde- 
ciso vulgo, también toca» (22). 

Y así ha sucedido que se han acumulado 
como una herencia maldita á los pavorosos 
problemas de actualidad, factores de in- 
fluencia perniciosa que arrancando de leja- 
nos tiempos han venido á cooperar con 
eficiencia en el momento en que debieron 
olvidarse; y la distribución territorial de 
mandatarios en una y dos terceras partes 
de la República proporcionalmente en ho- 
menaje á tradiciones inaceptables por lógi- 
co raciocinio viene á ser la negación de un 
principio institucional que debería buscar 
para el desempeño de los puestos públicos 
la competencia y honorabilidad en los en- 
cargados de llenarlos, sin tener en cuenta 
las opiniones que profesen en materia aje- 
na á las facultades con que hayan nacido 
para ser buenos funcionarios. 

Se vicia el sistema republicano con la 
aceptación de la teoría de que un go- 
bierno puede, actuando como tal gobierno, 
ser de determinado color político, en fun- 
ciones de administración y de justicia 
distributiva, cuando lo correcto es que 
quien llega á las altas cumbres del man- 
do, en ellas lia de despojarse de toda 



54 


LUIS MEL1ÁN LAFINUR 


tendencia partidista ; porque fuera de los 
clubs y las reuniones populares de la 
víspera, aquel que va á regir un país y 
no únicamente una comunidad política 
de sus simpatías, tiene que dejar su divisa 
personal de lado para ser en el gobierno 
no otra cosa que el mandatario que actúa 
por la patria y para la patria, inculcando 
estas mismas ideas á sus delegados y 
subalternos. 

Obrar de otra manera es trastornar la 
esencia del gobierno libre y es ir de la co- 
rrupción de las teorías á la corrupción de 
las conciencias, porque la pureza desapa- 
rece allí donde hipócritamente se inviste á 
un mandatario con funciones para cuyo 
desempeño en pro de las conveniencias 
públicas no se tiene en vista su compe- 
tencia, su virtud ó su patriotismo sino 
la parcialidad á que esté afiliado, y á la 
que implícitamente se le autoriza para 
que favorezca y apoye. 

Con buena ley para garantir el sufragio 
libre y con delegados respetuosos de las 
libertades populares por convencimiento 
propio de su misión y por orden sincera 
del gobierno central, se conseguiría mu- 
cho más que con el feudo departamental, 



CHARLA MENUDA 


55 


expuesto siempre, no obstante el jura- 
mento de fidelidad y vasallaje, á degene- 
rar, como en Cerro-Largo, en un pugilato 
de camarillas y círculos, ya que están 
hoy los llamados partidos tradicionales 
en una condición de tal divisibilidad en 
fraccioncitas inorgánicas, que poco bueno 
puede esperarse de la protección que se 
les dispense en forma oficial para esti- 
mular c e\ apetito de los comensales de 
mayor capacidad abdominal y mayores 
aptitudes para la intriga. 

Luego es mala política, y no es segu- 
ramente de pueblos libres, esa de espe- 
rarlo todo de los que mandan. Buckle ha 
explicado magistral mente cómo el pueblo 
inglés, por su individualismo y sus ini- 
ciativas soberanas, ha alcanzado un pro- 
greso en el arte del buen gobierno que 
no han conseguido los pueblos que todo, 
así lo bueno como lo malo, lo esperan 
de sus autoridades; y en el estudio com- 
parativo que en materia de instituciones 
y libertades hace entre Inglaterra y Es- 
paña, salen mucho más que mal paradas 
las nacionalidades latinas. 

Mommsen, lleno de temores legítimos 
ante el socialismo de Estado que Bis- 



56 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


marck quería implantar con anonada- 
miento del individuo, se encaró brava- 
mente contra el Canciller de Hierro en sus 
días de mayor prestigio v mayor gloria, 
al extremo de tener que arrostrar la pre- 
potencia del ministro en un proceso por 
difamación y ofensas que le inició con 
motivo de un discurso electoral en que 
señalaba los grandes peligros que corrían 
las libertades del Imperio; y el pueblo ale- 
mán, por medio de sus .jueees, dió la razón 
al eminente historiador y tribuno, absuelto 
con general aplauso en el edificante juicio. 

Pero, para conseguir estos honrosos 
triunfos populares, se necesitan dos cosas 
que hemos de formar y son de suma ur- 
gencia: primero, partidos populares con 
gran bandera y nobles ideales que sal- 
gan del estrecho molde en que han vi- 
vido los nuestros hasta concluir por subdi- 
vidirse en circuidlos; y segundo, hombres 
dirigentes que dentro de esos partidos sean 
oídos y respetados por sus sentimientos 
altruistas y sus abnegaciones. 

De lo contrario continuará sucediendo 
en esta tierra en que, según D. Samuel 
T. Lafone tres y dos no son cinco, que 
ni la teoría darwiniana empezará á cuín- 



CHARLA MENUDA 


57 


plirse, como quiera que si las especies 
superiores deben á la larga dominar á 
las inferiores sería ya tiempo de haberse 
consumado la selección política que, por 
otra parte, sin intención científica sin duda, 
es precepto del art. 132 de nuestra Cons- 
titución. 

Aprovechemos las lecciones del pasado 
para reconocer la facultad que tienen los 
ciudadanos de disponer de sus destinos sin 
que sean imbéciles tutores, y tan infieles 
como imbéciles ó malos los que den rum- 
bo á sus derechos. 

Aprovechemos todo: lo bueno y lo malo, 
que todo es escuela y todo es experien- 
cia. La misma corrupción política es un 
fenómeno vergonzoso, pero lógico; hay 
que combatirla sin que nos admire su pre- 
sencia, porque el mal tiene una misión 
grande y moralizadora para los que es- 
tén dispuestos á arrepentirse, y para los 
que, por mirarlo con horror, estén pron- 
tos á llevar su granito de arena al ba- 
luarte de moralidad erigido para desde él 
hacerle fuego sin tregua y sin descanso. 

Bluntschli, fecundo publicista, jefe del 
partido liberal en Suiza, su patria, que 
renegó de ella un día naturalizándose ale- 



58 


LUIS MELIÁN LAFINUK 


man, porque la democracia en que actuaba 
llegó á espantarlo con siniestros vatici- 
nios, es el caso poco común de un espí- 
ritu caviloso, aunque superior, que no ha 
nacido para la lucha ardiente de la plaza 
pública y se postra antes de concluida 
la jornada; pero ese hecho, que allí es 
aislado, entre nosotros es un fenómeno co- 
rriente y muy amargo que priva á nuestra 
sociabilidad de hombres de primera fila 
que no -pueden vivir en su patria y mue- 
ren lejos de ella, como Juan Carlos Gó- 
mez, como Andrés Lamas, como Mez- 
quita; que promete la misma perspectiva á 
Agustín de Vedia, á Bartolomé Mitre ( hijo) 
y tantos otros; que hizo olvidar á Lucio 
López y hace olvidar á Miguel Cañé, las 
dos inteligencias más brillantes de su ge- 
neración que abrieron en Montevideo los 
ojos á la luz; que ha condenado á morir 
bajo el pabellón argentino generales uru- 
guayos que mandaron ejércitos, y oficia- 
les que hubieran sido honra y prez en- 
tre nuestros militares; y en pos de los 
escogidos también hacemos emigrar á la 
Argentina esa multitud anómina de hon- 
rados hijos del pueblo que llevan á tie- 
rra extranjera sus* energías y virtudes, 



CHARLA MENUDA 


59 


acaso las mayores virtudes y energías de 
la raza, que han de encontrarse en ma- 
yor grado, tratándose de los desampara- 
dos de la fortuna, en aquellos que por 
indómita altivez se sublevan contra la leva 
y por laudable proceder buscan trabajo 
donde saben que han de hallarlo. 

Y esta emigración que no es volunta- 
ria ni deseada sino impuesta por las si- 
tuaciones de desesperación y de angustia 
que han producido los malos gobiernos, la 
verdad es que equivale á un destierro á 
que podría aplicársele la fórmula de las 
sentencias del destierro entre las romanos : 
ínter dicer'e reo agua et igni , « prohibir al 
reo el agua y el fuego», como que han 
de buscar forzosamente fuera de la patria 
esos elementos, los que en ella no los 
encuentran. 

Al lado de ese grave fenómeno de la 
emigración inevitable han de colocarse 
otros que también pesan duramente con- 
tra nuestro progreso constitucional. 

Los uruguayos somos ó funcionarios 
rentados ó habitantes del país impasi- 
bles, soñolientos, y negligentes, ó revolu- 
cionarios convencidos; y esto último más 
por achaque de desobediencia personal 



60 


LUIS ME LIAN LAFINUR 


que por aspiración á la perpetua liber- 
tad. Somos todo menos ciudadanos; y 
viviendo de tradiciones y recuerdos que 
endiosan y agigantan despóticas y sinies- 
tras personalidades del pasado, nos pros- 
ternamos ante la memoria de los que 
más saquearon el erario ó mayormente 
hicieron correr á torrentes preciosa san- 
gre de hermanos 

Falta el carácter y sobra la maledi- 
cencia; á la noble emulación substituye 
la ruin envidia; los evolucionistas en las 
alturas son los rebeldes fuera del puesto 
público; sin perjuicio de los que se pasan 
de listos con renuncias cuando en sus 
candorosas esperanzas saltan de un campo 
á otro á saludar al nuevo sol, si han 
creído que el anterior se ponía. 

Por esta falta de sinceridad y cohe- 
sión, por esta carencia de republicanas 
virtudes, por esta falta de aptitud políti- 
ca, por esta ausencia de opinión pública 
eficiente, despotiza y humilla á la Repú- 
blica cualquier gobernante que disponga 
de cuatro batallones, de igual manera 
que los ingleses en la India, con cin- 
cuenta mil soldados, tienen en un puño 
trescientos millones de hombres. 



CHARLA MENUDA 


61 


Las enfermedades colectivas se estu- 
dian hoy como las individuales, y las hay 
de distintas clases que producen estados 
patológicos de excitación contagiosa que 
deprimen unas veces y enaltecen otras la 
naturaleza humana. Durante la revolución 
francesa hubo un verdadero desprecio 
por la muerte, que hacía raro, áun en las 
mujeres, cualquier rasgo de debilidad ó 
temor al entregar el cuello ála guillotina. 

De las enfermedades colectivas que 
nada tienen que ver con las que se tra- 
ducen en nobles inmolaciones, hemos sido 
favorecidos con más de una, siendo la 
de mayor gravedad la empleomanía que 
arrastra y seduce á nuestros compatriotas 
hasta un grado indecible de fruición. 

Ya por razón de exhibicionismo, ya por 
propósito de dulcificar la lucha por la 
existencia sin correr sus albures incier- 
tos ó desagradables, procurando una buena 
pensión alimenticia de por vida ó largo 
plazo, el hecho es que existe hoy en nues- 
tro país la afición por el cargo público; 
y si de sinecuras ó diputaciones se trata, 
entonces la afición se convierte en entu- 
siasmo y delirio. 

Suele suceder á la inversa en los paí- 



LUIS MELIÁN LAFINUR 


ses libres de la raza anglo-sajona donde 
la preparación de la juventud para las 
duras luchas de la vida, por ley de he- 
rencia y por propia inspiración, hace ver 
con antipatía la existencia oficial some- 
tida al escalafón y á un sueldo que ha de 
ganarse dentro de la sumisión más abso- 
luta. 

Y en cuanto á las sinecuras que aquí 
inventan y utilizan hombres jóvenes y 
fuertes ó desordenados y mediocres, ora en 
forma de altos grados en la milicia sin 
prestar servicio alguno en el ejército, ora 
en forma de jefes de oficinas sin objeto 
ni trabajo, los ingleses, en su sentido prác- 
tico, sólo las mantienen y reservan para 
algún anciano eminente, y pobre enfermo 
ó ciego que haya hecho grandes servi- 
cios al reino unido, como puede verse ex- 
plicado en la biografía de Pitt por Ma- 
caulay. 

Metternich dijo en una ocasión que la 
plaga de las sociedades era esa clase que 
él desdeñosamente llamaba « proletariado 
instruido », entendiendo por tal las gentes 
de pocos recursos que razonan para conso- 
larse de no tener rentas. 

Pero en nuestro país esas gentes han re- 



CHARLA MENUDA 


63 


suelto un problema que podría ser grave 
en las sociedades á que Metternich aludía; 
y la política, entendida como medio de po- 
nerse al servicio de una camarilla ó de un 
ambicioso para obtener una función públi- 
ca remunerada, ha sido la que han servido 
los proletarios uruguayos que gozan de al- 
guna instrucción ó que sin tenerla no son 
más que proletarios. 

Nunca ha hablado con más verdad el 
notable y fecundísimo escritor don Angel 
Floro Costa, que cuando siendo Senador 
en 1891 recordaba en un discurso parlamen- 
tario la infracción del artículo constitucio- 
nal que exige á los Senadores y Represen- 
tantes capital en dinero ú oficio ó profesión 
que produzca renta equivalente: y con in- 
tencionada franqueza decía : « Si hoy somos 
pobres y estamos arruinados, es porque 
queremos serlo; porque no sabemos ó no 
queremos reconquistar el bienestar y la 
riqueza á la sombra beneficiosa de las ins- 
tituciones libres. 

« Estas mismas Cámaras son un ejemplo 
vivo de lo que estoy afirmando. De los se- 
senta y nueve Diputados y de los diez y 
nueve Senadores, apenas hay docena y 
media de rentistas, ó algo más, que estén 



64 


LUIS MELIÁN LA FIN lili 


en las condiciones constitucionales de re- 
presentar á la Nación. 

« A los ojos del pueblo parecemos un 
suntuoso asilo de mendigos; y esto es ver- 
gonzoso para el país ». 

Estas verdades tan francamente expues- 
tas merecieron, sur le champ , la cruel y 
acerada réplica de una alta inteligencia 
que para el doctor Costa sólo encontraba 
término de comparación en el bufón colo- 
sal que el genio de Shakespeare ha encar- 
nado en «Falstaff» como tipo de cinismo 
en las costumbres y desenvoltura en la 
frase. 

Poco agradó al doctor Carlos M. Ramí- 
rez, á la sazón ministro de Hacienda, el 
lenguaje del Senador por Florida, « cuyo 
modelo — dijo — sería necesario ir á buscar 
allá, en los dramas del gran poeta inglés, 
entre las bufonadas grotescas de «Falstaff». 

Grandes aplausos y un enérgico « apo- 
yado» de Idiarte Borda, entonces Senador, 
fueron el galardón del elocuente ministro 
cuando su reminiscencia shakespeariana 
precedida de la consideración de que las 
palabras del doctor Costa « harán poco ho- 
nor á los anales parlamentarios si en ellos 
se conservan impresas », 



CHARLA MENUDA 


05 


Siete años han pasado desde aquellos 
memorables debates, y la composición del 
Cuerpo Legislativo en su gran mayoría ha 
venido á confirmar que lo que fuó una 
verdad en tiempo del doctor Costa, ha con- 
tinuado siéndolo hasta ahora merced espe- 
cialmente á la influencia directriz y á la 
categoría zoológica de las « fieras enjau- 
ladas », como con travesura muy festejada 
llamó el inventor de dicha influencia á sus 
amigos y paniaguados del Cuerpo Legis- 
lativo, durante los 21 días de Marzo de 
1891. 

Se explica el furor por puestos en la Le- 
gislatura tratándose de personas sin profe- 
sión, capital ni industria, ó con profesión 
que por propia incompetencia nada les da, 
y que por un acto de servilismo y de com- 
plicidad pasiva en el fraude electoral de 
Presidentes como Herrera ó Borda, se ven 
de la noche á la mañana con una pingüe 
renta de más fácil percibo y mayor segu- 
ridad que la que al nueve por ciento anual 
produciría una fortuna de sesenta mil 
pesos. 

En Inglaterra los miembros de las Cá- 
maras no perciben retribución alguna; y 
examinando Macaulay una época de es- 



LUIS MELIÁN LAFINUR 


m 

pantosa corrupción por suerte ya pasada, 
la atribuye á escandalosas complacencias 
( scandalous eompliances ) de los hombres 
públicos por retener cargos bien rentados; 
y concluye con esta consideración : « Feliz- 
mente para nuestro país los emolumentos 
de la más alta clase de funcionarios, no 
sólo no han aumentado en proporción at 
acrecentamiento general de nuestra opu- 
lencia, sino que han disminuido positiva- 
mente (positively diminished) » (23). 

Y haría buena obra en cuanto al futuro 
decoro de nuestras asambleas, la que para 
el período subsiguiente (con perdón de 
Tavolara) fijase en vez de quince pesos, 
como ahora, cinco pesos diarios solamente 
á cada legislador, durante el período de 
sesiones; de este modo los hombres prepa- 
rados y virtuosos serían legisladores por 
patriotismo, y los que sólo van á las Cá- 
maras por razones estomacales, en la mó- 
dica retribución encontrarían poco estímulo 
á sus voraces instintos y abandonarían el 
campo. 

El sistema práctico de los ingleses de no 
abrir mucho el apetito por las funciones 
rentadas, tiene el mérito de que alejado 
todo sentimiento de interés pecuniario ó de 



CHARLA MENUDA 


()? 


codicia, sólo aspiran á esas funciones los 
que son á ellas llevados por el noble estí- 
mulo de hacerse un nombre, ó los que sin- 
tiéndose con vocación, con aptitudes y ta- 
lentos quieren por patriotismo poner esas 
condiciones al servicio de las grandes cau- 
sas que hayan abrazado. 

Lo mismo que opinamos de las dietas de 
los legisladores, creemos que es de aplica- 
ción á todos los puestos de la administra- 
ción, incluyendo la misma Presidencia de 
la República. El primer magistrado de una 
pequeña nación empobrecida y entrampada 
nada ganará en prestigio con grandes suel- 
dos y lujos; y brillará más su virtud repu- 
blicana imitando la modesta vida de don 
Bernardo Berro, que el insultante boato de 
Santos. 

Un Poder Ejecutivo en buenas manos 
y Cámaras baratas que al mismo tiempo 
que representen al país, ayuden armó- 
nicamente á aquel poder, es lo que con ur- 
gencia se necesita, para comenzar un en- 
sayo de nueva vida institucional. 

Con el sistema corruptor seguido hasta 
ahora, rodamos á un abismo. 

Luis Felipe tenía en 1847 inmensa ma- 
yoría en un cuerpo legislativo llamado en- 



08 LUIS MELIÁN LAFINUR 


toncos de los satisfechos ; pero tenía al 
mismo tiempo en todas las clases socia- 
les una mayoría adversa y compacta que 
presagiaba la revolución del año siguiente 
que dió cuenta de su trono para siempre. 

Los satisfechos del Herrerisrno dieron 
igualmente mayorías á su jefe para el 
presente griego de Borda, y otros pre- 
sentes menos griegos que ese, que fué un 
colmo, pero griegos y muy griegos sin em- 
bargo. El país miró esas cosas con des- 
precio y repugnancia; y porque las miró 
y le repugnaron teme doblemente que se 
repitan y arraiguen. 

Suponiendo derrotado el herrerisrno en 
la persona de su jefe como candidato al 
bombo en la próxima elección presiden- 
cial, y ocupada la primer magistratura 
por un ciudadano de buenas inclinacio- 
nes, no ha de negarse que está andado 
por el momento una gran parte del ca- 
mino. 

Sin embargo, es indispensable ir pre- 
parando nuestro pueblo á las prácticas 
republicanas y á las pacíficas luchas para 
que olvide la panacea revolucionaria. Sa- 
bemos que las costumbres no se forman 
en un día. pero hay que empezar por 



CHARLA MENUDA 


69 


algo: por muy poco si se quiere; y sin 
pretensiones de ningún género esboza- 
remos confundido con esta charla un pro- 
yecto de modesta y educativa asociación 
esencialmente política, que podría lla- 
marse, verbigracia, Pro-Patria , con una 
módica suscripción mensual de treinta 
ó cuarenta centésimos, á fin de que así 
concurrieran á su seno en fraternal as- 
piración cívica todas las clases sociales, 
y no pesara mayormente sobre los ciu- 
dadanos que sostienen por compromiso 
las sociedades hoy existentes y que no 
llenan fin alguno. 

Tendría Pro-Patria por objeto: 

l.° Constituir una asociación política que 
no desvincularía á ninguno de sus 
asociados del partido á que perte- 
neciere ó quisiera en lo sucesivo per- 
tenecer. 

2: Comprometer á los socios á inscri- 
birse en el registro cívico. 

9.° Propender á que no solicitaran sus 
afiliados puesto público fuera de la 
Administración de Justicia, de la en- 
señanza ó del ejército ; y el que se 
les ofreciese en otro ramo de la 



70 


LUIS MLLIÁN LAFINUR 


administración sólo lo aceptarían es- 
tando presupuestado y teniendo apti- 
tudes para desempeñarlo. 

í.° Comprometer en lo posible á los so - 
cios á no tener sino empleados na- 
cionales ó naturalizados, sea en sus 
casas particulares, sea en sus escri- 
torios, imprentas, establecimientos 
comerciales ó industriales etc., etc.; 
cuyos empleados se expulsarían si 
se averiguase que no se inscribie- 
ron ó que inscriptos no votaron, ha- 
biendo para ello libertad. 

5.° Censurar y aun expulsar de la aso- 
ciación, según el caso, al militar que 
admitiere grados sin prestar servi- 
cio en el ejército de línea, ó que los 
admitiese en el desempeño de un 
cargo civil. 

(>.° Constituir comisiones de repatrio 
de los uruguayos que residen en la 
Argentina y el Brasil, á los cuales se 
haría venir cuando se tuviere para 
ellos empleos según sus aptitudes. 

7.° Constituir comisiones: (a) para ges- 
tionar por los medios legales la libertad 
de los ciudadanos violentados en el 
servicio de las armas; (b) para bus- 



CHARLA MENUDA 


71 


car colocación á los necesitados; (c) 
para allegar suscripciones. 

<s.'> Dar semanalmente ó cuando se juz- 
gase necesario conferencias políticas 
sobre tópicos que estuviesen sometidos 
á la decisión del Cuerpo Legislativo, ó 
sobre puntos de derecho constitucional 
ó de política que se indicasen por las 
exigencias del momento histórico. 

V).° Formar una caja de ahorros á fin de 
socorrer á los socios pobres, para tra- 
bajos electorales, si en ello se viere 
conveniencia, y para los demás menes- 
teres de la asociación. 

10. Extender la asociación con Estatutos 
comunes, y sobre la base de una fede- 
ración de ayuda mutua, á todas las ciu- 
dades y pueblos de la República. 

11. Propender á la coalición délos par- 
tidos populares contra candidaturas 
ignominiosas ó hijas de protección 
fraudulenta por parte de las autorida- 
des oficiales. 

Entregamos este imperfectísimo y defi- 
ciente esbozo á la juventud uruguaya para 
que si lo acepta en sus líneas generales le 
dé forma y lo prestigie, ó para que en caso 
contrario si no juzga factible el pensamien- 



LUIS MLLIÁN LAK1NUR 


» 


to, al rechazarlo por irrealizable y utópico, 
salve al menos con benevolencia que agra- 
deceremos, la pureza del propósito que una 
vez más pone en nuestras manos la misma 
pluma que siempre liemos creído emplear 
en pró de la santa causa del pueblo, á que 
pertenecemos con orgullo, 



NOTAS 


(1) «Tlie Encyclopedia B ritan nica» (m'nth edition). 

(2) Notable por todos conceptos la administra- 
ción del licenciado D. Julio Herrera y Obes, dotó 
al país de un número de jefes y oficiales adecua- 
do á las necesidades del momento y previsiones- 
patrióticas del futuro. Arrebatando al general Ta- 
jes una legítima gloria, los adoradores de D. Ju- 
lio ungen, al jefe del colectivismo, debelador del 
militarismo uruguayo 

Debe ser así, porque D. Julio no otorgó más que 


estos pocos grados y empleos : 

Teniente general 1 

Generales de división .... 9 

Id. de brigada 13 

Coroneles electivos 40 

Id. graduados • 71 

Tenientes coroneles electivos. . 10(5 

Id. graduados 3 

Sargentos mayores electivos. . 134 

Id. id. graduados 4 

Capitanes 161 

Tenientes primeros 122 

Id. segundos 102 

Subtenientes ....*.. 165 


931 



74 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


A esta cifra tan diminuta hay que agregar otra, 
todavía, porque muchos de los militares compren- 
didos en ella recibieron el grado ó grados inme- 
diatamente anteriores también durante la misma 
administración prudente y económica del señor 
Herrera, lo cual da al cómputo que hemos estu- 
diado, nombre por nombre, en el escalafón un au- 
mento boliviano más ó menos de quinientos gra- 
dos; de manera que los que otorgó el célebre 
presidente civil no pasan de 1400!... 

(3) La ciencia oficial de un libro en varios 
idiomas editado pour V exportation disminuye la 
superficie de la República, reduciéndola á 178,700 
kilómetros cuadrados; — cálculo de D. Juan José 
Castro en su «Estudio sobre los ferrocarriles sud 
americanos.» 

El cálculo más fundado da próximamente 187,000 
kilómetros.— Véase «Ecos de Nirvana» por Angel 
Floro Costa, el cual apoya su opinión en las del 
ingeniero Pedralbes y agrimensor Ros; y véanse 
«Geografía Nacional», por Orestes Araujo, y Reclus 
«Nouvelle Geographie üniverselle», tomo XIX, 
página 556. 

(4) Es el mayor timbre de honor que como es- 
tadista corresponde al general Tajes haber extir- 
pado el militarismo haciendo del soldado uru- 
guayo lo que únicamente debe ser: el sostenedor 
de la Constitución y de las leyes. 

Don Carlos M. Ramírez no hizo más que con- 
vertirse en eco justiciero de la opinión pública, 
cuando dijo, en «La Razón» del 21 de Enero de 
1896, que «el motín, y todo conato de motín, y 
toda sombra de militarismo, desaparecieron abso- 
lutamente de la escena pública, cuando el gene- 



CHARLA MENUDA 


75 


ral Tajes hizó formar al paso de I). Julio Herrera 
y Obes un ejército disciplinado y sumiso, ante el 
cual no hay ni puede haber más jefe que el Pre- 
sidente Constitucional de la República». 

En efecto: en oposición á la candidatura del señor 
Herrera y Obes hablados candidaturas salidas de las 
tilas del ejército; pero éste ni indirectamente si- 
quiera hizo sentir su influencia, y presentó ar- 
mas al presidente civil, como las habría presentado 
á cualquier ciudadano que la Asamblea hubiese 
designado para la primera magistratura. 

Después el señor Herrera y Obes, en su presi- 
dencia caracterizada por una reacción pueril con- 
tra todo lo bueno que había dejado su antecesor, 
hizo en el ejército cambios tan jactanciosos como 
inútiles é injustos, rematados con la intriga cri- 
minal y vergonzosa de Octubre de 1891. 

Procuró desorganizar esa rama de la administra- 
ción como todas aquellas en que puso su mano. 

(5) Kubly.— Los hombres de goma— página 21. 

(6) Macaulay. — Essay on Miiton. 

(7) Macaulay. — Essay on Mirabeau. 

(8) Según la frase de Tácito, ha sido siempre 
licitó ocuparse libremente de aquel á quien la 
muerte ha sustraído de la benevolencia y del odio: 
prodere de iis quos mors odio aut gratioe exemi- 
sset ( * ). 

Porque pertenece ya á la historia podemos pues 
hablar con toda despreocupación de D. Juan Miar- 
te Borda. Nunca tuvimos amistad con él propia- 
mente ni vinculación de género alguno; pero pa- 


Anuales -Libro IV, parágrafo XXXV. 



76 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


reciéndonos, bien que poco acepillado, un infeliz 
(¡ quantum mulatas ab illo después en la presiden- 
cia ! ), llegamos cierta vez hasta tener una ingenua 
complacencia con él. El caso es el siguiente: sien- 
do el señor Borda senador y ocupando nosotros 
una banca en la Cámara de Diputados, se nos pre- 
sentó un buen din, muchos meses después de la 
elección presidencial de D. Julio Herrera y Obes, 
diciéndonos que era poseedor de un acta en que 
todos los electores de este ciudadano estaban fir- 
mados, y que quería que nosotros también la sus- 
cribiésemos. Le contestamos que nuestra firma 
no tenia objeto en un documento que se refería 
á una reunión á que no habíamos asistido; que 
era además notorio que no habíamos tampoco pro- 
metido el voto á candidato alguno, ni asistido 
jamás á reuniones electorales, ni siquiera habla- 
do con D. Julio Herrera y Obes sobre su candi- 
datura, ni con nadie en forma que comprome- 
tiese nuestra opinión; que era además un anacro- 
nismo, agregamos, y hasta una ridiculez suscribir 
ex-post Jacto un documento que era de pública 
notoriedad que no habíamos firmado á su tiempo, 
y que los diarios habían publicado con los nom- 
bres de todos los que en realidad eran sus fir- 
mantes. No hubo forma de convencer á un hom- 
bre tan testarudo, y salió con la suya, triunfando 
su estolidez de las razones de buen sentido que 
le oponíamos. 

Hemos tenido siempre debilidad por el papelista, 
especie zoológica que áun no ha sido bien estu- 
diada. El papelista que no es escritor, guarda, 
junta y cuida papeles sin saber para quién, y mu- 
chos buenos archivos se deben á la útil manía 



CHARLA MENUDA 


77 


de un empeñoso é inocente coleccionista. No fué 
éste precisamente el caso del señor Borda, que 
procedió con segunda intención, y supimos á su 
tiempo que hacía mal uso del acta aludida, exhi- 
biéndola con frecuencia para darse el lujo de 
demostrar que él fué quien reclutó los votos que 
aseguraron el éxito de D. Julio Herrera y Obes, y 
exhibiéndola, lo que es peor, sin hacer las expli- 
caciones y salvedades de orden respecto de nues- 
tra Arma. 

(9) Alonso Criado. — Colección Legislativa, tomo 
XVII, página 4. 

(10) «Banquete de la juventud: Colección de 
discursos»; el de D. Julio Herrera y Obes en lás 
páginas 18 á 25, de donde se han tomado las 
citas textualmente. 

(11) «Pero Sócrates ¿tienes realmente de la re- 
tórica la opinión que acabas de emitir? ¿No crees 
tú que es por pudor que Gorg'ias te ha confe- 
sado que el orador conoce lo justo, lo bello y lo 
bueno, y que á quien no supiese estas cosas él 
se las enseñaría? Es esta opinión probablemente 
la causa de la contradicción en que ha caído, y 
que tú le aplaudes habiéndolo lanzado á semejan- 
te clase de cuestiones.»— (Obras de Platón)— Tra- 
ducción francesa de Cousin, tomo 3.°, página 223.) 

Don Julio Herrera y Obes, en una carta que 
llama de filosofía y de política, publicada en «La 
Razón» del 12 de Setiembre del corriente año, ha- 
ce esta confesión ingenua: «No siempre el estilo 
es el hombre, porque la retórica es un arte que 
se aprende y nos sirve después para ocultar y dis- 
frazar nuestros defectos morales; pero el pensa- 
miento no se presía á esos engaños. El hombre 



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LUIS MELIÁN LAFINUK 


piensa como siente y procede en la vida como 
siente y piensa». 

Apoyado; y por eso .mismo nos espanta su can- 
didatura presidencial. 

Su carta es bajo muchos conceptos deliciosa co- 
mo obra del diablo predicador. Y después, con un 
adorable diletlantismo histérico-filosófico cuya mo- 
da ha pasado con Gerusez, hace con perdón 
de Spencer y Taine sin duda, una mística con- 
fusión del materialismo con el positivismo mo- 
derno, atribuyendo al último (horresco rejerensl) 
consecuencias de asesinato político, olvidando no 
sólo que la de Octubre de 1891 fué filosofía espi- 
ritualista en la cátedra de la Unión, sino que 
olvida también que las teorías sobre el homicidio 
son los jesuítas y padres de la Iglesia quiénes 
las han defendido y propagado, ex sententia om- 
nium, segitn opinión de todos, ' como dice uno de 
ellos; no siendo desde luego lo peor que hayan 
defendido el asesinato sino que lo han utilizado 
y practicado con demasiada frecuencia. 

Trae én seguida D. Julio un modesto paralelo 
entre él y Maquiavelo, siendo excusado decir que 
en la imparcial comparación no es el político flo- 
rentino el que lleva la mejor parte; y por último 
agrega un análisis de los progresos que ha reali- 
zado desde su edad juvenil hasta sus actos de go- 
bernante. 

El país, sin embargo, íe habría agradecido me- 
nos progresos, porque era más inofensivo cuando 
decía gracias en la Confitería Oriental que cuan- 
do progresaba haciendo diabluras en la Presiden- 
cia con la influencia directriz y otras influencias 
que le coaocemos. 



CHARLA MENUDA 


79 


(12) «Llegó Francia á ser un verdadero tirano 
prevaliéndose de esta máxima: que la libertad de- 
be ser proporcionada á la civilización, y que don- 
de la necesidad de ésta ,no se hace sentir, no 
puede aquella dejar de ser perjudicial.» — (En- 
sayo histórico sobre la revolución del Paraguay 
por Rengger y Longchamp, en la «Biblioteca del 
Comercio del Plata*, tomo 3.°, pág. 200. ) 

«Se contraían sus conversaciones á lo mal pre- 
parados que estaban los pueblos sud-americanos 
para la libertad. Este era el tema favorito de 
Francia, que, conociendo en parte la revolución 
norte-americana, se manifestaba severo republica- 
no condenando como absurdo el sistema monár- 
quico, al mismo tiempo que declaraba inaplicable 
para la América española el régimen de la li- 
bertad en toda su extensión. 

«Estas ideas contenían el germen de la más bár- 
bara tiranía de los tiempos modernos, etc., etc.» 
—(Mitre, «Historia de Belgrano», tomo l.° pági- 
na 25.) 

(13) Novicow.— «Les luttes entre societes liumaj- 
nes». pages 189-302, 

(14) El gobierno de la defensa había desterra- 
do á Rivera en 1845. Devolviólo á su pais y al 
seno del ejército el escandaloso motín de Abril de 
1846. Fué extrañado otra vez en 1847, siendo 
D. Manuel Herrera y Obes el alma de este se- 
gundo destierro, amargado en su larga duración 
con el decreto en que al finalizar la guerra civil 
en 1851, el gobierno de la defensa nombraba para 
el comando del ejército uruguayo al general Gar- 
zón, militar distinguido y lleno de méritos y ser- 
vicios en las guerras de la independencia, pero 



80 


LUIS MELIÁN LAFINUK 


enemigo político y personal de Rivera y recien- 
temente salido de las filas de Rosas. 

Son edificantes los folletos y hojas . sueltas de 
la época sobre estos incidentes: con especialidad 
las protestas de Rivera desde el Brasil, cuando lo 
hicieron encerrar sus correligionarios de Monte- 
video en la fortaleza de Santa Cruz. 

(15) No había inventado, es cierto, el señor 
Borda la pólvora; pero inventó en cambio mu- 
chas cosas útiles y entre ellas la dualidad de las 
ciudadanías, optando por la francesa en su ado- 
lescencia y por la uruguaya cuando pudo ésta 
serle proficua. Lo que si parece es que suprimió 
por innecesaria ó engorrosa la solicitud de -reha- 
bilitación que exige el articulo 12 de nuestro Có- 
digo Fundamental á los que se hallaren en su 
caso. 

Según «El Día» de Julio 27 de 1897, la matrí- 
cula del señor [diarte Borda se encuentra en el 
consulado francés bajo el número 10,321 y tiene la 
fecha de 12 de Abril de 1860. 

¡No hay ignominia porque nuestro desgraciado 
país no haya pasado! 

(16) Teófilo Eugenio Díaz. -«Desfile de impre- 
siones», páginas 186, 189 y 190. 

Nos hemos permitido poner en letra cursiva al- 
gunas frases que concretan el pensamiento del 
autor para hacerlas así resaltar mayormente. Es 
libertad que vemos usada con frecuencia por pu- 
blicistas de nota en casos de transcripción aná- 
logos al nuestro. 

(17) En «El Siglo» del 25 de Diciembre de 1890. 

(18) D. Ambrosio Velazco decía que «el partido 
blanco era un cuerpo de león con cabeza de bu- 



CHARLA MENUDA 


81 


rro.» A estas palabras daba en sus labios mucha 
gracia, la cara maliciosa del sarcástico anciano y 
un defecto de pronunciación que lo obligaba á 
articular con suma fuerza las silabas con r; de 
modo que en los que al fin de la frase le escu- 
chábamos la palabra burrrr...o! hacia un efecto 
inimitable y chistosísimo el gesto mordaz y la 
mirada con que enérgica é intencionadamente acen- 
tuaba 1a. evocación del más paciente y sufrido de 
los brutos. 

Si en vez de ser el Dr. Velazco hubiera sido 
una personalidad insignificante de su partido ó un 
enemigo de esa fracción política el autor de la 
frase, nos habría parecido impropio recordarla; 
pero como todos la conocen, y además quien la 
dijo fué un personaje del partido blanco, siendo 
también por su intelectualidad una honra para el 
país de su cuna, no habia para que silenciar lo 
que cuando menos es un rasgo de espnt... más 
<> menos cruel ¡ y desde luego injusto! 

En los últimos años de su vida tratamos bas- 
tante al Dr. Velazco, que fué un notable aboga- 
do y un distinguido orador parlamentario y fo- 
rense. Buen humanista., es de nuestros compatriotas 
el que hemos conocido más seriamente versado 
en la literatura clásica. 

Por desgracia no estaba dotado de un carácter 
en relación con sus altas, facultades intelectua- 
les. Era capaz, por pasión, de modificar sus con- 
vicciones, denostando un día ío que el anterior 
hubiera sublimado. 

Habia sido beato toda su vida; pero por una 
grave trastada que le hicieron los tribunales ecle- 
siásticos en un delicado asunto de familia, reac- 

<¡ 




82 


LUIS MELIÁN LAFINÜR 


cionó de pronto contra su anterior ortodoxia y 
se constituyó en propagandista activo del matri- 
monio civil y de todas las conquistas libera- 
les. 

Hay huellas de esta súbita conversión en la 
Memoria de la Dirección de Cementerios corres- 
pondiente á 1883. Entre muchos abogados que 
fuimos consultados por esa repartición sobre un 
punto de reglamento, lo fué también el doctor 
Velazco, y al exponer sus vistas en el asunto, 
aprovechó la oportunidad para desatarse con ira- 
cundia contra la intolerancia religiosa y contra 
los curas. 

A propósito de la publicación de su consulta 
en la citada Memoria, nos decía una vez: «Mu- 
cho hay que temer, Melián, á este clero corrrr...om- 
pidó; ¡muy corrrr. . .ompido! ¡muy corrrr...om- 
pido ! » , 

(19) Esta literatura bélico-religiosa revela una 
asidua lectura de las noveías de madama Cottin 
y de la «Historia de las Cruzadas» por Michaud. 
El género es nuevo en nuestros anales revolu- 
cionarios, bien que demuestre la inspiración pia- 
dosa de uno de los más respetables miembros 
del Comité, designado cariñosamente por sus co- 
legas con el calificativo de «Padre Eustaquio» cuan- 
do actúan á puerta cerrada. Otra variante será- 
fica lo llama aun con más modestia ; pero de 
esta última manera de désignación pocos se lian 
apercibido hasta ahora y no hay para que enun- 
ciarla. 

(20) «La jerarquía en la iglesia Católica ¿me- 
dida que asciende, más se acerca á la corte de 
su cabeza visible, donde se dispensan los favores 



CHARLA MENUDA 


83 


y títulos á que se aspira y se agradecen los ya 
recibidos. El mitrado no toma en cuenta ni la, 
patria , ni las leyes , ni los intereses del pueblo en 
que vive : su patria, su código político está en 
aquella ciudad ultramontana de la Europa, cen- 
tro atractivo de su corazón de hombre desligado 
hasta de los vínculos de familia propia, y natu- 
ralmente ha de seguir en su conducta el rumbo 
de la política que la corte de Roma le señale. Esto 
es lo que sucedía con los obispos de América en 
los días de mayor conflicto para su independen- 
cia.»— (Juan María Gutiérrez — «Las restauraciones 
religiosas». — Revista del Río de la Plata, tomo 11» 
página 406). 

Hablando MacauJay de los católicos de su país 
en tiempo de Jacobo Segundo, dice: «Los cortesa- 
nos hipócritas y fanáticos estaban destituidos de 
todo patriotismo inglés. La devoción por la igle- 
sia había extinguido en ellos por completo sus 
sentimientos de nacionalidad. » — ( History of En— 
gland, volume second, page 136). 

El fanatismo religioso conduce hasta la trai- 
ción. De las filas de Berresford desertaron cuandó 
la conquista de Buenos Aires todos los católicos 
que pudieron hacerlo. Eii la acción de Perdriel 
lué tomado prisionero al pie del cañón que ser- 
vía, dice Mitre, «un cabo irlandés desertor de las 
tropas inglesas llamado Miguel Skennon, que com- 
batía por su fe católica y contra los herejes in- 
gleses al lado de los argentinos!» No hay para 
que decir que Berresford hizo fusilar al traidor. 

(Véase Mitre «Historia de Belgrano»; tomo . 1 .°. 
páginas 125 133, y De la Sota en «Compilación de 
Documentos» por Alsina y López, página 31'.).) 



84 


LUIS MELIÁN LAFINUR 


«Hay una circular del Consejo Supremo de la 
Inquisición á todos los habitantes de provincia, fe- 
chada en Madrid á 6 de Mayo de 1808, en que 
después de injuriar á aquel heróico pueblo por 
su gloriosa insurrección en el memorable 2 de 
Mayo, llamándole sedicioso y rebelde, y elogiar á 
lo sumo la disciplina y generosa comportación 
de las tropas francesas en aquella tan digna co- 
mo desgraciada capital, encarga muy particular- 
mente que los Tribunales y dependientes del San- 
to Oficio, cuiden y vigilen y tomen todas las 
medidas para evitar que los pueblos se rebelen... 
señor!.,, ¡contra el vil invasor!... ¡No se. cómo re- 
primirme !»—( De un discurso de Argüelles en el 
«Diario de Cortes», página 143, sesión del 9 de Ene- 
ro de 1813.) 

Excusamos manifestar la alarma que nos causa 
el cleificalismo visiblemente encaramado en hom- 
bros de uno de los partidos tradicionales con ayu« 
da del arzobispo Soler. 

¡Tristes, muy tristes días se le están preparando 
á nuestra pobre patria! 

El juramento del padre Soler ha sido una ver- 
dadera mistificación: juro — dijo — «obediencia y 
fidelidad al Gobierno, y no coadyuvar á ninguna 
propuesta, persona ó consejo que sea nocivo á la 
tranquilidad é independencia de la República.» 

Es un juramento ridículo, jesuítico y vago con 
todo cálculo, que á nada obliga concretamente al 
metropolitano: un subterfugio para eludir hasta 
el simple acatamiento al Patronato que hereda- 
mos de la madre 'patria, cuando lo menos que 
debe exigirse á los prelados es la sumisión á las 
leyes de la República. 




CHARLA MENUDA 


85 


La fórmula empleada con nuestro flamante ar- 
zobispo es la misma que Latorre toleró ¿ D. Ja- 
cinto Vera en 1878, y la que también usó después 
el señor Yéregui. 

Y es una condescendencia inexplicable que hoy 
se exonere á un funcionario que recibe un pin- 
güe sueldo del Estado, de la obligación de jurar 
obediencia á las leyes del país que le paga su 
irritante lujo anticristiano. 

En este punto, como en otros, vamos estando 
peor que en la época colonial, pues que á los 
prelados se permiten temeridades y abusos que 
en pasados siglos la autoridad no consentía. 

Por la ley I, tit 7, libro l.° de la Recopilación 
Indiana, se ordena á los arzobispos y obispos « que 
hagan juramento solemne por ante escribano pú- 
blico y testigos de no contravenir en tiempo al- 
guno ni por ninguna manera á nuestro patronaz- 
go real, y que le guardarán y cumplirán en todo 
y por todo como en él se contiene , etc. » 

Y el escritor católico más entendido en estas 
materias religiosas con relación á América, comen- 
tando el origen de la ley citada, dice: « consta ya 
bastantemente la forma que se ha de guardar en 
este juramento, y no hay que andar moviendo 
dudas ni teniendo escrúpulos en su cumplimien- 
to. » — (Solórzano. — « Política Indiana », tomo 2.°, 
página 38, edición de 1776. ) 

Soler está más arriba que las leyes de la Re- 
copilación Indiana í vigentes para este caso) y más 
arriba que Solórzano y que todo el mundo. ¡Hace 
bien ! 

Sea de ello lo que fuere, no olvidemos que en 
materia de disciplina como de dogma hay quo 



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LUIS MELIÁN LAFINUR 


aceptar todo lo que impone la Iglesia Romana, 
cuyas decisiones no se pueden tomar á beneficio 
de inventario. 

De modo que un clerical uruguayo, tiene que 
acatar la constitución de la Iglesia Romana que 
es esencialmente monárquica. 

De su punto de vista, pues, uno de los más fu- 
ribundos beatos de nuestro país ha tenido, mucha 
razón cuando ha dicho : 

« El poder como encarnación de la razón supre- 
ma, es sagrado en su origen y en sus atribuciones 
y es necesario hacer oir á los pueblos la voz del 
Vaticano, siempre infalible, siempre moderadora 
y que les enseña que el orden y la conservación 
sociales exigen de ellos respeto y á las veces has- 
ta sacrificios, asi como enseña al poder sus atri- 
buciones y esfera de acción; por eso al lado de 
la condenación que hace en el Syllabus de la fa- 
tal proposición LXIII de que «Es lícito negar la 
obediencia á los príncipes legítimos y áun suble- 
varse contra ellos», condena también en ese Có- 
digo sublime la otra proposición XXXIX no me- 
nos demoledora que sienta que «siendo el Estado 
la fuente y manantial de todos los derechos goza 
de un derecho ilimitado »— (Juan Zorrilla de San 
Martin) — «El Bien Público» (folleto), página 8 y 9., 

¡Todas estas barbaridades prueban lo que puede 
el país esperar si dejamos que siga triunfando el 
ultramontanismo uruguayo! 

(21) «Mimetismo es ese curioso fenómeno de la 
identidad de color entre muchos animales y el 
medio en que actúan: varios insectos son verdes 
como las hojas de los árboles en que viven: los 
animales del desierto son amarillos como la are- 




CHARLA MENUDA 


87 ’ 


na; los del polo, blancos como la nieve, etc., etc.» 
— (Dreyfus.— «L’evólution des mondes et des socie- 
tés», page 28. ) 

(22) Shakespeare.— «The second - part of King 
Henry the fourth». Induction. 

(23) History of England, vol. 1, page 243.